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-OPINIÓN-

Energía solar fotovoltaica en Centroamérica.
Por Odón de Buen R..

El pasado viernes 18 de agosto, en la Ciudad de Guatemala y organizado por el Ministerio de Minas y Energía de Guatemala y el Banco Interamericano de Desarrollo, se llevó a cabo una excelente reunión que revisó el estado del arte de la tecnología de generación de energía eléctrica con celdas fotovoltaicas y sus aplicaciones en el contexto de Centroamérica y, en general, del mundo en desarrollo.

Para comenzar, se analizó el estado del arte de la tecnología fotovoltaica y su evolución en los últimos cincuenta años. Resalta en este sentido el hecho de que es una tecnología que ha reducido consistentemente de precio a lo largo de los años. Jerome Winegart, un veterano promotor del uso de la tecnología en zonas rurales que participó como panelista, recordaba los años en los que el Watt instalado costaba 1,000 dólares. Hoy día el precio está entre 4 y 5 dólares por Watt-pico.

Esta reducción--como refirió Leo Schrattenholzer del International Institute for Applied Systems Analysis (IIASA)—se la debemos a las poblaciones de países como Estados Unidos, Japón y Alemania, donde se ha puesto dinero de los impuestos para mejorar la tecnología y hacerla accesible para ser utilizada en zonas marginales del mundo (además, por supuesto, para aplicaciones en condiciones de mayor desarrollo), resaltando la importancia del desarrollo tecnológico para que esto sea posible.

Igualmente, Rómulo Bisseti, representante de Kyocera—uno de los más importantes fabricantes en el mundo de estos equipos—anotó que la eficiencia de equipos comerciales ya llega al 16% y que esto se ha logrado no solo por mejorar la tecnología de conversión, sino también mejorando las celdas al hacerlas más delgadas (requiriendo menos material) y aprovechando al máximo el área útil de los sistemas. Aquí también—es este caso Vladimir Delegnau, representante de Isofotón—recordó que, cuando salió al mercado la tecnología en 1955, su eficiencia era más de seis veces menor (3%).


Fue también el representante de Kyocera que refirió datos sobre la situación actual del mercado, que llegó a significar ventas por más de 1,400 MW en 2005. De este dato, a su vez, resaltan dos datos muy significativos: (a) que Alemania—por sus programas de incentivos—representa el 57% del mercado y (b) que más del 80% de los equipos fueron instalados con conexión a la red. Igualmente, refirió la diminuta participación relativa que tiene Latinoamérica como demandante de sistemas fotovoltaicos en el mundo (con menos del 1% de la demanda mundial).

Otros datos interesantes fueron la referencia a la escasez de la materia prima predominante de las celdas fotovoltaicas (el silicio) y las dos formas en la que afecta al precio. Por un lado, al haber más demanda que oferta, la materia prima se ha encarecido. Por otro lado, al no haber suficiente materia prima, las fábricas funcionan a menor capacidad y los costos de la amortización de estas instalaciones que están esperando el silicio son transferidos a los consumidores de la tecnología. Se espera, sin embargo, que esta situación cambie en menos de dos años y que la tendencia de reducción de los precios de las celdas fotovoltaicas se recupere.

La presentación central de la reunión (en mi opinión) fue la de Jerome Weingart—quien, por cierto, dio un lugar importante en sus argumentos al Dr. Jorge Huacuz, reconocido experto mexicano en estos temas. El habló de la tecnología como un elemento para el desarrollo y anotó con mucho énfasis que “la tecnología no es nada más el equipo” sin que todo lo que acompaña a su utilización: políticas, infraestructura de distribución y mecanismos de financiamiento, entre otros. También enfatizó que la tecnología fotovoltaica a veces no es suficiente para proveer los servicios energéticos en la forma y calidad que se necesita, sino que también hay que considerar otras alternativas. Aquí, por supuesto, refirió a otras alternativas a partir de energías renovables (minihidráulica en particular) y el uso de calentadores solares de agua. Igualmente, refirió a las experiencias con empresas comunitarias de servicios energéticos que se han establecido en zonas rurales del mundo en desarrollo (dando ejemplos para India y África) y puso sobre la mesa el concepto que, de alguna manera, representa la vanguardia para llevar energía a zonas rurales apartadas de la red: las empresas rurales de servicios de infraestructura (RISE por sus siglas en inglés).

Dada la importancia del concepto, vale la pena anotarlo con mayor precisión. El hecho es que cualquier población requiere de muchos servicios (entre ellos salud, comunicaciones y educación) que tienen un alto costo para zonas aisladas. Por lo mismo, verlos de manera asilada y con organizaciones paralelas no es lo más económico y, por lo mismo, una organización que integre estos servicios puede ser la forma más efectiva, eficiente y económica de proveerlos. Así, una empresa que opera un sistema de servicios de energía y que mantiene un flujo de materiales y recursos hacia y desde las comunidades puede también movilizar, por ejemplo, vacunas (que son mantenidas en los sistemas de refrigeración que se operan con equipos de generación eléctrica fotovltaica).

La presentación que se realizó a continuación mostró un ejemplo extraordinario en el contexto latinoamericano, lo cual fue descrito por Aldo Fabris, colega argentino que estuvo involucrado en el proyecto.

Aldo nos refirió al proceso de reestructuración del sector eléctrico argentino en donde, por ley, se establecieron límites a la “obligación de abastecer” para las empresas distribuidoras (que es algo que se repite en los países donde ha habido reformas del sector eléctrico) y que deja en manos del estado amplias zonas del territorio ubicadas a una distancia dada de la red (y de los planes de expansión de las empresas privadas). En particular, Aldo nos refirió a la Provincia de Jujuy en Argentina donde se da el servicio a través de pequeñas empresas que cobran renta por el uso de equipos. Aquí resulta sorprendente saber que, con más de 5,000 usuarios, más de la mitad utilizan sistemas fotovoltaicos para tener electricidad y que ese porcentaje ha venido de menos a más en los últimos años.

Sin embargo, cuando se entró a la revisión de programas en Centroamérica, nos encontramos con una situación de contrastes. Por un lado, Arturo Solano de la empresa Tecnosolar nos refirió a la situación el El Salvador, donde sin apoyos gubernamentales y pagados principalmente con remesas de familiares emigrados Estados Unidos, se han pagado e instalado más de 3,000 sistemas.

Por otro lado, Loyda Alonso de Soluz nos contó la historia de un proyecto que está vivo en Honduras pero que ha sufrido por los la falta de apoyo en políticas públicas y por desastre naturales, en particular el huracán Mitch. El proyecto Soluz—del cual Loyda es Gerente General y que se origina en Estados Unidos y tiene una réplica en República Dominicana—llegó a atraer inversiones por cerca de 1.5 millones de dólares americanos, a tener más de 5,000 clientes y a funcionar apoyado en una estructura bien establecida de intermediarios que operaban ventas y servicios. Los sistemas podían ser instalados bajo tres modalidades: compra al contado, compra con micro-crédito y como micro-renta.

Sin embargo, el huracán Match afectó a la empresa al posponer el desarrollo del proyecto y afectar la capacidad de pago de muchos de los clientes. Igualmente, la extensión de la red llevó a la cancelación de muchos de los contratos. Esto lleva a reflexionar sobre la necesidad de que estos proyectos estén en sintonía con los planes del gobierno o de las empresas eléctricas para no duplicar esfuerzos y recursos muchas veces escasos.

Loyda, a su vez, anotó la importancia de algo que se resaltó en varias presentaciones: que la instalación de estos sistemas, para ser sustentable, requiere de manera fundamental que los usuarios paguen cuando menos una parte de su costo.

La verdad es que el evento fue un extraordinario repaso del desarrollo de una tecnología que aprovecha energía renovable y que tiene la posibilidad de contribuir a resolver problemas de desarrollo en zonas rurales alejadas de la red. Igualmente, se evidenció que, en este momento y en el contexto de América Latina, lo que es necesario desarrollar son modelos de negocios que tengan el apoyo de políticas públicas que, cuando menos, le den certidumbre a quienes desarrollan este mercado.

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Transición Energética
 Actualizado el lunes, 28 de agosto de 2006