Una
perspectiva sobre el 2006 y los temas energéticos.
Por Ing. Odón de Buen R.
Ya estamos
en el 2006 y el mundo sigue su marcha.
Quizá
lo más relevante de este inicio de año es,
sin duda, la dura negociación que pretendió
Rusia con Ukrania por la venta de gas natural a precios
de mercado. Lo importante, más allá de la
justificación económica de Rusia y del efecto
que esto tenga en su relación con una importante
república ex-soviética, es que, por moverle
a las válvulas del gas para Ukrania, bajaron el volumen
de gas a Europa en pleno invierno.
Es posible
que haya sido un mal cálculo o una falta de información
a Vladimir Putin, pero esa baja del flujo de gas hizo que
en Europa se prendieran las alarmas y se ponga en duda toda
una estrategia de integración energética regional.
Por una parte, ya se habla de abrir nuevas vías para
el transporte de gas y nuevas fuentes de suministro que
no estén bajo el control de un solo país.
Por otra parte, se renueva el debate sobre la energía
nuclear, renovado hace unos meses por las obligaciones europeas
respecto del Protocolo de Kyoto.
Lo curioso
de este evento es que, en un contexto más cercano
donde se busca esa integración, no hubo comentarios.
Aquí me refiero, más que nada, a Sudamérica,
donde hay un intenso fenómeno de integración
energética de países importadores (como Brasil
y Arnetina) con Venezuela, Perú y Bolivia—entre
otros—como fuentes de gas para toda la región.
En ese
contexto, el año inicia también con un presidente
electo de Bolivia que recorre el mundo sin corbata buscando
dar tranquilidad a quienes tienen los capitales para aprovechar
los recursos energéticos del subsuelo del país
donde será el mandamás. En este sentido, me
arriesgo a pronosticar que Evo Morales va a tener muchos
problemas para sintonizar su discurso electoral y las expectativas
que creó (de nacionalizaciones y riqueza para compartir)
con las realidades de la economía. Esto, en un contexto
institucional débil como el de Bolivia—y con
un Hugo Chávez con una gigantesca cuenta de banco
y determinado a tener gran influencia en la región—puede
llevar a que Evo sea un capítulo muy corto de la
historia de Bolivia. Sin embargo—y creo que debo marcarlo—el
hecho que alguien como él sea presidente de Bolivia
es algo que festejar y, desde México, observar con
atención.
A este
escenario regional se añaden las elecciones presidenciales
en Perú, donde un presidente elegido entre vítores
populares termina un mandato con niveles muy bajos de popularidad.
Sumando piezas—y viendo los movimientos abiertamente
intervencionistas de Hugo Chávez en la región—el
escenario energético de esa región tiene elementos
que lo hacen volátil.
Más
al norte, ya en México, el año inicia de nuevo
con altos precios del gas natural, pero también con
el lento proceso de búsqueda de formas para poder
cambiar la situación, precisamente por medio de la
apertura de nuevas fuentes de suministro: el gas natural
licuado. Sin embargo, la situación en Europa, la
incertidumbre en Sudamérica (se está hablando
de suministro de gas peruano) y las necesidades de Estados
Unidos (que también está buscando suministro
por vía marítima) pueden complicar las expectativas
de baja de precios que van asociadas a no tener que comprar
en el saturado mercado del sur de Texas.
Por
otra parte, otro hecho significativo es que los precios
del petróleo no bajan y se mantienen al precio relativamente
elevado en el que se han mantenido por meses. De acuerdo
a los pronósticos, los precios del petróleo
no van a modificarse radicalmente. Esto hace que se presente
una situación donde los actores económicos
y políticos empiezan a pensar en alternativas de
inversión más allá de paliativos operativos.
Por
supuesto, siempre estarán en la cabeza de los tomadores
tradicionales de decisiones las opciones de aumento de suministro
con fuentes convencionales. Pero ya hay muestras de que
las opciones no tan convencionales toman gran fuerza. En
este sentido, sin referirnos a una alternativa que ya ha
tomado gran fuerza en el mercado (el aprovechamiento de
la energía del viento), vale la pena anotar dos que—según
notas de prensa de los últimos meses—están
“explotando” en el mercado: los biocarburantes
y los vehículos híbridos.
En lo
que respecta a los biocarburantes, el biodiesel es el más
importante, en buena medida porque producirlo es relativamente
simple y porque se puede usar directamente de la planta
de producción. Aquí recuerdo a un grupo de
jóvenes californianos que pasaron hace casi un año
por el DF en un camión escolar que iba mendigando
sobras de aceite de cocina quemado para moverse. Desde ese
paso de ese autobús han ocurrido muchas cosas más
formales en la generalización de la producción
y uso del biodiesel y una de ellas ha sido en México,
en la forma de una planta de producción en Nuevo
León y que entrega el producto a flotillas vehiculares
industriales. Este es un fenómeno que se está
generalizando en muchas partes del mundo.
Por
otra parte, las noticias sobre los autos híbridos—que
consumen, en promedio, 25% menos energía que los
vehículos convencionales equivalentes—van en
dos direcciones, ambas a favor de su generalización.
Por un lado, cada vez hay más armadores que establecen
líneas de producción y los modelos se multiplican.
Por otra parte, los gobiernos van estableciendo ventajas
para estos vehículos. En México—alrededor
del Día de los Inocentes—se anunció
que los vehículos híbridos no tendrán
que ser verificados por tres años y tendrán
siempre una calcomanía doble cero (es decir, que
pueden circular todos los días del año). En
Estados Unidos ya se habla de beneficios fiscales a favor
de quienes adquieran este tipo de vehículos.
El año
inicia pues, con altos precios y alta incertidumbre en los
mercados de combustibles tradicionales y con muchos gobiernos
mirando para todos lados para ver cómo aminorar este
impacto, además de buscar tener un portafolio amplio
y balanceado de suministro. Igualmente, el año inicia
con la política, más allá de la lógica
de los mercados, marcando los términos del futuro
energético.
Por
supuesto, ya veremos cómo juegan en esto—y,
a su vez, cómo lo determinan—las elecciones
presidenciales en México.
Yo solo
recomiendo—como siempre—comprarse una bicicleta,
un calentador solar y una fotocelda. Esto, como decimos
en México “por si las flies” (por si
las moscas).