por admin » Sab Nov 05, 2011 12:43 am

Creepypasta ese maldito almacen
Tanto yo como mis amigos siempre hemos sido muy curiosos, cosa de la que hoy me arrepiento.
Estaba yo con mis amigos, Nicolás y Ariel, paseando por el barrio, cuando Nicolás nos cuenta que cerca de su casa hay un almacén, del cual siempre se escuchan gritos por la madrugada. Yo y Ariel le decimos que deje de romper las bolas y que no nos trate de asustar, pero el insiste que en ese almacén hay algo sobrenatural.
Luego de una tarde juntos, cada uno se fue a su casa por su cuenta, excepto Nicolás, que es bastante miedoso y me pide que lo acompañe. Cuando estamos cerca, pasamos por el frente de un almacén, ese maldito almacén. Nicolás me jode tanto para que entre con él que al final accedo. El almacén estaba rodeado de mucha maleza, y nos costó llegar hasta la entrada, un portón viejo y demacrado, con un candado oxidado.
Le dije que estaba cerrado, y que no podĂamos entrar. Acto seguido, toma un trozo de hierro del piso y le pega al candado. A los 3 golpes el candado se rompe y abre el portĂłn. Era una oscuridad tal que parecĂa no tener fin. Yo, no queriendo entrar le digo que está muy oscuro, pero el saca su celular y prende la linterna y me la da, pidiĂ©ndome que vaya adelante. Me dice que lo siga, y reconozco que no deberĂa haberlo hecho.
Todo lo que se veĂa eran cajas de madera apiladas, algunas podridas, y ratas corriendo de aquĂ para allá. En un momento veo una puerta que, dada la infraestructura del edificio, no deberĂa estar ahĂ. Cuando estuve a punto de abrir la puerta, alguien entra por el portĂłn del almacĂ©n y lo cierra. Empieza a caminar hacia nosotros, lentamente. Nicolás, asustado, empieza a tirar cosas del piso al aire, esperando golpear a quien se nos acerca, pero falla en todas las ocasiones. Cada vez se acerca más, hasta que siento un golpe en la cabeza que me deja inconsciente.
Me despierto en lo que parecĂa la parte posterior del almacĂ©n. Calculo que eran las siete u ocho de la mañana, debido a la posiciĂłn del sol en el cielo. Estoy atado y no puedo moverme. Veo a Nicolás, inconsciente. Me doy cuenta de que detrás de mĂ hay varios pedazos de hierro apilados, algunos con punta. Intento moverme hacia ellos rodando en el suelo, hasta que saco uno con el filo suficiente para cortar la soga con la que estaba atado. Puedo liberarme y voy directo hacia Nicolás. Lo doy vuelta para desatarlo y veo que está muerto, con la caja torácica desgarrada y con la cuenca de los ojos vacĂa. Estallo en lágrimas, pero me doy cuenta de que yo era el siguiente. Cuando estoy saliendo, escucho que la puerta trasera del almacĂ©n se abre, y algo me está viendo, estático. Me le quedo mirando unos segundos y me empieza a perseguir. Yo corro, desesperadamente, lo más rápido que puedo hasta salir del almacĂ©n.
Me dirijo corriendo hacia la policĂa, les cuento lo sucedido y les doy la direcciĂłn del lugar. Salen 3 patrulleros hacia allá, mientras que a mi me mantienen en la comisarĂa haciĂ©ndome preguntas. Pasan varias horas, y por la puerta entra un policĂa, gravemente herido. Sus Ăşltimas palabras, antes de caer al piso y morir fueron ?NO VAYAN A ESE MALDITO ALMACÉN?. Todos miraban estáticos. Llamaron al equipo de paramĂ©dicos, pero ya era demasiado tarde. Esto está fuera de los lĂmites de la policĂa. No pueden hacer nada, y si lo intentan, morirán. Nunca nadie supo quĂ© o quiĂ©n le hizo eso a Nicolás, ni a los otros policĂas que murieron en ese galpĂłn. Pero algo es seguro:
?Nunca volveré a ese maldito almacén.?
Fuentes de Información

El contenido del post es de mi autoría, y/o, es un recopilación de distintas fuentes.
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