Los
retos de la CFE y de México ante la nueva economía
de las energías renovables.
Por Odón de Buen R.
Antecedentes
Desde
la perspectiva de quienes abogamos por un mayor aprovechamiento
de las energías renovables en México, uno
de los aspectos más relevantes de las discusiones
alrededor de la propuesta de reforma petrolera del gobierno
federal es el hecho de que muy variadas voces (desde el
Premio Nobel Mario Molina hasta exdirectores de PEMEX) han
planteado la necesidad de intensificar los esfuerzos que
se hacen en México para ampliar el aprovechamiento
de la energías renovables.
Estas
propuestas parten, entre otras razones, del hecho de que
tecnologías para la generación de electricidad
con energías renovables han llegado a la madurez
tecnológica y a niveles de costos que se acercan
ya (y más aún cuando se internalizan costos
ambientales) a los de las tecnologías “estrella”
de los años recientes, como la de ciclo combinado
con gas natural.
En este
contexto, precisamente, el Partido Verde Ecologista Mexicano
ha recalentado—con gran oportunidad política
y amplia difusión, debe reconocerse—un proyecto
de ley de fomento de energías renovables que reproduce
y, en algunos casos, mejora el dictamen que está
en manos del Senado de la República desde hace ya
más de un par de años.
Igualmente
y en dos iniciativas distintas, la International Solar Energy
Society y Greenpeace México, están poniendo
sobre la mesa metas y fórmulas para que el sector
eléctrico mexicano amplíe su portafolio hacia
las energías renovables.
Estas
propuestas plantean—como cualquier otra iniciativa
en esta dirección—una serie de medidas que,
inevitablemente, entran a territorios que implican obligar
a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a realizar
ciertas acciones, desde un compromiso de metas para una
mucho mayor generación propia con energías
renovables hasta la compra de toda la energía producida
por pequeños generadores, esto último con
un cambio a las reglas de despacho1 que obligarían
a la CFE (como ocurre en los países donde se tiene
políticas públicas de promoción exitosas)
a comprar lo que estas plantas produzcan (y a hacerlo con
un subsidio a los generadores).
Bajo
esta perspectiva, todo intento de darle un lugar más
importante a las energías renovables para la generación
de electricidad pasa, física, necesaria e irremediablemente,
por la Comisión Federal de Electricidad. Así,
también irremediablemente, estas iniciativas han
creado un ambiente de tensión y de polarización
entre quienes proponemos una ampliación del aprovechamiento
de las energías renovables y la propia CFE.
Por
lo mismo, creo que es útil hacer una reflexión
que pasa y se ubica por el lado de los intereses y necesidades
de CFE. Esto nos sirve para que, donde no hay coincidencias
y donde hay preocupaciones legítimas de quienes tiene
la responsabilidad de la paraestatal, buscar atenuar los
impactos que le son desfavorables.
Así
visto, vale la pena recordar y anotar aquí que la
industria eléctrica es una industria donde pesan
mucho dos factores: el costo de capital y el costo de la
energía primaria (la que se convierte en electricidad).
Igualmente, que estos se recuperan a través de un
complejo sistema de tarifas que se definen por tipo de usuarios
(por sectores y por niveles de consumo), por niveles de
voltaje y por regiones. Están, por supuesto, los
costos de personal, aunque éstos tienen una implicación
mayor no por ser gasto corriente sino por la acumulación
de lo que se llama el pasivo laboral, que es, fundamentalmente,
lo que se paga a jubilados.
A continuación
hacemos una revisión de lo que, en nuestra opinión,
son los aspectos que más preocupan a los técnicos
y dirigentes del monopolio estatal de la electricidad en
México.
Los
costos de los combustibles
Un factor
clave y de gran preocupación para la CFE en estos
últimos años son los precios de los combustibles
(petróleo, gas natural y carbón) que se utilizan
en sus plantas y en las del los generadores que le venden
electricidad, los cuales han subido muy significativamente
en los últimos dos años.
Este
es un factor que afecta a la CFE porque lleva a tener que
estar permanentemente a la defensa de las condiciones de
funcionamiento de la empresa frente a sus usuarios (en una
batalla que se lleva a cabo en los medios y en las reuniones
de cámaras y asociaciones de ndustria y comercio).
Estas tensiones se reflejan en dos sectores particulares
de usuarios: (a) en el sector industrial, donde las tarifas
establecidas llevan a que se transfieran los costos de combustibles
a los usuarios y a que éstos hagan comparaciones
internacionales donde CFE sale en desventaja, lo que lleva
a que los funcionarios de la CFE estén bajo gran
presión; y (b) en los sectores residencial y agrícola,
donde existe una larga historia de importantes subsidios
(hoy día mayores por los costos de los combustibles)
que nunca son suficientes a los ojos de muchos, lo que sirve
para que políticos tomen banderas contra la CFE (aunque
la última palabra en cuanto a subsidios la tiene
la SHCP).
Sin
embargo, el hecho es que, en este momento, la generación
de electricidad por viento tiene precios que son competitivos2
y con la enorme ventaja de que su precio es estable ya que,
en muy buena medida, está determinado por la tasa
de interés que se fija al hacer la inversión
inicial (y la cual puede no cambiar a lo largo de la vida
útil de los equipos). Este es, seguramente y más
allá de quitarse presión de quienes queremos
más generación con energía renovable
en México, el elemento que ha llevado a la CFE a
instalar cerca de 200 MW de capacidad con energía
eólica en Oaxaca.
La
reserva de capacidad de generación eléctrica
Es un
hecho reconocido públicamente que la CFE tiene hoy
en día a su disposición mucha más capacidad
de generación de la que requiere3. Desde la perspectiva
de la CFE (que es quien hace la programación de obras
y la lleva a la SENER para revisarla y consensuarla con
otros actores del sector público) esta sobrecapacidad
ocurre por fenómenos fuera de su control (que son
un crecimiento de la economía por debajo del considerado
en la planeación y la entrada al sistema eléctrico
de plantas de autoabastecimiento).
De cualquier
manera, esto significa que la CFE está gastando de
más en los costos de amortización de las inversiones
en plantas de generación y/o los pagos de los contratos
a los productores independientes. Así visto, a la
CFE no le conviene ni que se ahorre energía ni que
sus clientes se generen su propia electricidad: lo le conviene
(y le urge) es que la demanda aumente, pero que aumente
comprando lo que la empresa vende, no lo que se cubre con
proyectos de autoabastecimiento (que es el arreglo en el
que hay permisos por cerca de mil Megawatts para generación
por viento).
Sin
embargo, hay que considerar a este factor como de corto
plazo, esto en la medida de que crece la economía
y, por lo tanto, la demanda de electricidad. Por lo mismo
(y dado que la planeación del sector se hace a diez
años) esto no debe ser razón para posponer
una mayor participación de la energías renovables.
Los
productores independientes
En México
existe una significativa y creciente participación
privada en el sector, en particular en la generación
donde empresas privadas ya generan más del 30% de
la electricidad que vende la CFE. Este hecho, permitido
por las modificaciones de la Ley del Servicio Público
de la Energía Eléctrica hechas en 1992, ha
resultado en que más de veinte centrales eléctricas
mayores no tengan el logo de CFE a la puerta, sino el de
alguna empresa privada y extranjera. Sin duda, aún
y cuando los trabajadores de estas plantas pertenezcan al
sindicato de la CFE, esto cala fuerte entre muchos de los
ingenieros con muchos años en la CFE, quienes ven
en esto una claudicación de los principios con los
que fueron formados (ya sea en la propia empresa o en las
escuelas y facultades de ingeniería en universidades
e institutos públicos donde, seguramente, fueron
formados por ingenieros de la propia CFE)4.
Este,
sin duda, es un aspecto cultural y emocional que mueve a
muchos a rechazar a los proyectos de energías renovables
por el simple hecho de son los particulares quienes los
quieren desarrollar. Sin embargo, los cambios en el sector
eléctrico (no solo en México sino en todo
el mundo) que han abierto espacios a actores externos a
los monopolios y a nuevas formas de generación eléctrica
llevan más de tres décadas, son irreversibles
y las necesidades de México requieren de pragmatismo,
lo cual debe ser uno de los principales atributos de un
ingeniero moderno.
Las
incertidumbres técnicas
Uno
de las principales preocupaciones de los técnicos
de la CFE alrededor de la generación con energías
renovables es el hecho de que éstas son intermitentes
y, por lo mismo, requieren de capacidad de respaldo de tamaño
idéntico al de la capacidad de las plantas que operan
con energías renovables.
Sin
embargo, esto no es precisamente correcto ya que, en un
sistema que está diseñado para integrar a
la generación con energías renovables (donde,
por ejemplo, las plantas hidráulicas se compensan
con las eólicas) las necesidades de respaldo son
significativamente menores. Si no fuera así este
tipo de generación no tendría la participación
que se tienen en otros países sin problemas técnicos
significativos5.
En alguna
medida (pensando en una empresa como la CFE que ha creado
cuadros para diseñar, construir y operar grandes
plantas hidráulicas, termoeléctricas y de
ciclo combinado) alguna parte de esa resistencia es por
desconocimiento de tecnologías que no han estado
en el portafolio de conocimientos de la institución.
La
capacidad de transmisión
Otro
elemento que hace que las energías renovables les
compliquen la existencia a los ingenieros de la CFE está
en el hecho de que los recursos de energías renovables
no se ubican donde está la demanda (o donde los planeadores
de la CFE, buscando optmización, ubican a las potenciales
nuevas plantas), por lo que su aprovechamiento, en su caso,
implica replantear las líneas de transmisión
o llevar a cabo inversiones adicionales (y exclusivas para
este tipo de plantas).
Este
es el caso de La Ventosa, donde la riqueza del recurso eólico
ha llevado a que se tenga que considerar capacidad de transmisión
mayor para llevar la generación de CFE y de los permisionarios
de autoabastecimiento hacia la demanda. Esto, a su vez,
ha llevado a que le haya aumentado el trabajo a los planeadores,
financieros y abogados de la paraestatal para negociar y
establecer arreglos técnicos y contractuales que
no estaban en las rutinas de trabajo de hace menos de tres
años.
Sin
embargo, es muy importante anotar aquí que quienes
desarrollan proyectos eólicos de autoabastecimiento
en La Ventosa, ante la posibilidad de tener algún
incentivo económico por lo que entregan a la red,
consideran al tener acceso a la red y no tener que pagar
por el servicio de transmisión de la CFE como incentivo
suficiente.
La
resistencia de las comunidades a los proyectos eólicos
e hidroeléctricos
Curiosamente,
el aprovechamiento de las energías renovables ha
puesto del mismo lado a la CFE con quienes buscan desarrollar
este tipo de proyectos ya que, por el carácter de
uso de grandes extensiones de terreno, su desarrollo requiere
de negociaciones con comunidades que, por una variedad de
razones de todos tipos y tendencias, pueden no estar interesados
en tener invadidos sus territorios por agua o por torres
con aspas.
En este
sentido, también es curioso anotar que estos aspectos
(además de los particulares a los impactos ambientales)
llevan a enfrentar a la CFE y a los desarrolladores privados,
con las mismas organizaciones que, por el otro lado, les
exigen dejar los combustibles fósiles y aprovechar
las renovables (lo cual, para una organización estructuralmente
conservadora como la CFE, ha de causar mucha molestia).
El
marco legal
Aparte
de los aspectos meramente económicos, los funcionarios
de la CFE están, como cualquier otro funcionario
público, acotados claramente con un marco legal que
establece una serie de reglas que tienen que cumplir a riesgo
de ser sancionados con medidas que van desde la inhabilitación
para trabajar para el estado hasta penalizaciones económicas
mayores.
En particular,
este marco legal obliga a la CFE a cumplir reglas de despacho
que son una de las principales barreras a la introducción
de las energías renovables.
Por
supuesto, la obligación a cumplir la ley no significa
que no se quiera que se cambie, pero sirve muy bien para
dar una justificación para la inmovilidad.
La
Secretaría de Hacienda y Crédito Público
Si bien
la cabeza del sector de la CFE es la Secretaría de
Energía, en los hechos las negociaciones más
duras de los funcionarios de la CFE son con la Secretaría
de Hacienda y Crédito Público, que es con
la que tienen que negociar, entre otros, los presupuestos
operativos y de inversión, las tarifas, los subsidios,
el endeudamiento y el financiamiento.
Por
su parte, la SHCP trae las preocupaciones de la inflación
y del gasto público, las cuales llevan a límites
a la manera en la que CFE establece sus prioridades.
Esto
es importante en relación a la posibilidad de que,
como refieren las mejores prácticas internacionales
en cuanto a políticas de fomento de las energías
renovables, se obligue a la empresa a comprar toda la electricidad
proveniente de energía renovable donde se produzca
y a precios que incluyen un subsidio.
Visto
así, es evidente que, a las resistencias de los funcionarios
de la CFE, se sumarán las resistencias de los funcionarios
hacendarios, quienes están—particularmente
en este momento—muy preocupados por la amenaza de
inflación y de la caída de la producción
petrolera (y, por ende, de las exportaciones y los ingresos
fiscales que representan).
“Una
empresa de clase mundial”
Aunque
ya ha sido señalado arriba en varias formas, uno
de los elementos que aglutinan las opiniones de los técnicos
de la CFE es el hecho innegable de que, aún cuando
es una empresa manejada por el estado (que llevan tradicionalmente
en México el estigma de la ineficiencia y la corrupción),
es una organización comprometida con la calidad y
es operada y dirigida por técnicos que cumplen ampliamente
este principio. La CFE, en pocas palabras, es una empresa
ejemplar desde cualquier punto de vista.
Bajo
esta perspectiva, muchos piensan y argumentan que no son
necesarias otras empresas en el sector, que con la CFE basta.
Este es quizá, uno de los puntos más álgidos
de las negociaciones políticas que se requieren para
la aprobación del leyes de fomento a las energías
renovables ya que, bajo el abrigo de esta opinión,
muchos políticos construyen alianzas con actores
que se benefician del estatus quo actual de la CFE y complican
seriamente la entrada a los nuevos actores que tienen la
tecnología y los recursos para aumentar la oferta
de energías renovables.
Sin
embargo, es aquí donde debemos ubicar a la CFE en
su carácter de monopolio y en el hecho de que, en
economía, los monopolios no compiten y, por lo mismo,
no tienen incentivos para mejorar.
Precisamente,
creo que el que la CFE se preocupe por ser “una empresa
de clase mundial” no es gratuito y se debe, en muy
buena medida, a que tiene la competencia “light”
de los productores independientes y la competencia “dura”
de los que deciden autoabastecerse.
De cualquier
manera, los intereses de una empresa del estado no deben
estar por encima de los intereses del estado mismo y el
estado mexicano requiere de, por un lado, reducir riesgos
por la alta dependencia del petróleo que tiene el
país y su economía y, por otro lado, de comprometerse
y actuar con más claridad en la lucha internacional
contra el cambio climático, la cual pasa inevitablemente
(y en particular para México, que depende por encima
de los promedios mundiales de combustibles fósiles
para la generación de electricidad) por un mayor
aprovechamiento de las energías renovables.
Conclusiones
Es evidente
que los funcionarios y técnicos de CFE están
bajo fuertes presiones para enfrentar una serie de importantes
retos técnicos y financieros que no tienen, en gran
medida, nada que ver con las energías renovables.
Visto de esta manera, el que existan demandas cada vez más
amplias y precisas para que la empresa abra espacios (en
su capacidad de generación, en sus líneas
de transmisión e, inclusive, en sus redes de distribución)
a la electricidad proveniente de energías renovables
(sea propia o de productores privados), solo aumenta esas
presiones y genera, de manera natural, un ánimo de
resistencia.
Ahora
bien, si a esto se añaden aspectos legítimos
de orgullo profesional e institucional de quienes, con la
“camiseta” de CFE han construido un gran sistema
eléctrico interconectado basado en grandes proyectos
de plantas y líneas de transmisión que requirieron
de gran capacidad técnica y organizacional y cuya
realización implicó grandes esfuerzos individuales,
la aparición de nuevas tecnologías de generación
y de nuevos actores que compiten con la CFE inevitablemente
anticipan gran resistencia personal (que se agrega a niveles
institucionales) de quienes laboran y han laborado para
la paraestatal.
Si a
esto añadimos que los aspectos financieros fundamentales
de la CFE son manejados por la SHCP con una perspectiva
de corto plazo con prioridades más asociadas al control
de la inflación y de la recaudación de impuestos
(que van en contra de posibles programas mayores de incentivos
a las energías renovables y al ahorro de energía),
quienes avocamos por un cambio hacia un mayor aprovechamiento
de las energías renovables (y del ahorro y uso eficiente
de la energía) nos encontramos frente a dos fuerzas
gigantescas que harán todo lo posible por complicar—con
argumentos válidos pero quizá faltos de la
gran visión que se requiere para enfrentar los grandes
problemas que las energías renovables ayudan a resolver—esa
posibilidad.
Sin
embargo, la creciente competitividad técnica y económica
del aprovechamiento de las energías renovables, la
necesidad ineludible de diversificación energética
de nuestro país y de apertura del monopolio eléctrico
a actores más libres y dinámicos, y las condiciones
del planeta (en cuanto a precios de los combustibles y de
crecientes evidencias de los riesgos asociados al cambio
climático) deben pesar sobre la lógica particular
de una empresa estatal.
Por
supuesto, lo que hagamos en este sentido no debe pasar por
encima del reconocimiento a quienes han construido el sector
eléctrico mexicano (que incluye a la empresa Luz
y Fuerza) y que han hecho posible que a nuestras casas y
lugares de trabajo llegue con calidad y sin grandes interrupciones
este insumo clave en nuestros quehaceres.
Ojala,
nada más, que esa capacidad y espíritu transformador
tomen camino hacia el sector eléctrico del futuro,
el cual ya se manifiesta en otras latitudes y de forma muy
distinta al que tenemos en México.
1
Las reglas de despacho establecen las prioridades de la CFE
para integrar generación eléctrica a la red
interconectada nacional de una variedad de plantas en función
de su costo de generación, dando prioridad a las de
menor costo.
2
“the cost of the energy cranked out by these turbines
has come down to about 8 cents a kilowatt-hour (kWh) and
is still falling”. Trade winds Jun 19th 2008.The Economist
3
“Los altos márgenes operativos de la Comisión
Federal de Electricidad (CFE) de 20 por ciento, le permitieron
suspender la operación de electricidad de sus presas
hidroeléctricas en el sureste del País y evitar
mayores inundaciones en Tabasco y Chiapas sin consecuencias
en el suministro eléctrico”.en Salvan a CFE
sus reservas emergentes, Reforma , 28 de diciembre de 2007.
4 Se recomienda ver las opiniones (se puede hacer por Google)
del Ing. José Luis Apodaca Villareal, quien fue un
funcionario ejemplar de la CFE (hoy día jubilado)
y quien es un duro crítico de la participación
privada en el sector.
5
"El Observatorio de la Electricidad de WWF/Adena señala
que la eólica ha generado en abril el 14,3% de la
electricidad que consumió España y la hidráulica,
el 9,9%. La minihidráulica, la biomasa, la solar
y la cogeneración han sido responsables del 13,3%.
En total, el 37,5% de la electricidad que consumió
España en abril procedió de fuentes renovables.
Energías Renovables del 8 de Mayo de 2008.