Una
de las variables más importantes—si no es la
que más importancia tiene—en la rentabilidad
del aprovechamiento de energías renovables o del
ahorro de energía es el precio del petróleo.
Por lo mismo, y aunque no es precisamente un campo de mi
especialidad, me parece relevante hacer eco de lo publicado
sobre el asunto en la revista The Economist hace un par
de semanas (Oil: How to avoid the next shock. April 30th-May
6 th 2005).
A través
de varios artículos y de su principal editorial,
esta importante revista inglesa de distribución planetaria
plantea, de manera central, que el problema del petróleo
no es de escasez, sino de concentración, ya que “cerca
de dos tercios de las reservas probadas de petróleo
en el mundo están en manos de cinco países
del Golfo Pérsico”. Este es su argumento central,
pero hay otros que se plantean más adelante que complementan
esta consideración meramente geográfica.
En primer
lugar, en The Economist se hace un análisis de las
razones para los altos precios actuales del petróleo.
Sobre esto se anotan tres factores: oferta “apretada”,
demanda creciente y especulación financiera. En cuanto
a la oferta, señala el reducido margen de producción
actual de los países de la OPEP, lo cual va acompañado
de las preocupaciones y especulaciones que resultan de las
incertidumbres políticas en Medio Oriente, Rusia,
Venezuela y Nigeria. Esto ha llevado, por ejemplo, a que
grandes fondos financieros, buscando protección ante
la posibilidad de precios muchos mayores a los actuales,
compren futuros de petróleo a precios relativamente
altos, lo cual influye en los precios en el mercado del
presente.
En cuanto
a la demanda, el gran crecimiento de la economía
china se anota como significativo pero no como el principal
factor, ya que ha habido un crecimiento de la demanda mundial
de petróleo superior al de años previos y
esta demanda no ha venido acompañada de un crecimiento
equivalente en la oferta.
Es aquí
donde se señala un aspecto clave: la falta de inversión
en nuevos yacimientos, en particular en los países
pertenecientes a la OPEP. Siendo países con grandes
reservas y con una capacidad sobrante que había permitido
ajustar “como un banco central de petróleo”
la oferta para controlar el precio, los precios bajos de
años pasados llevaron a que no hubiera inversión
en nuevas exploraciones y a que esa oferta sobrante fuera
disminuyendo, llegando hoy día a ser insuficiente
para poderse manejar para controlar los precios. De igual
manera, pero esta vez refiriéndose a las compañías
petroleras internacionales (“the western oil majors”),
se anota a la falta de inversión en tecnología
de exploración al buscar, en los tiempos de precios
bajos, reducir gastos y hacerlo, precisamente, en los de
las áreas dedicadas a mejorar la tecnología
de exploración y de recuperación de petróleo.
Es en
este punto donde The Economist plantea una distinción
fundamental entre las compañías internacionales
y las empresas nacionales que, además, define lo
que puede determinar el futuro del mercado petrolero. Para
la revista inglesa son las grandes compañías
internacionales las que son más eficientes y están
mejor capitalizadas para poder llevar adelante inversiones.
Sin embargo—y en otro punto central en la perspectiva
del análisis—estas empresas se enfrentan a
un creciente nacionalismo que las impide a participar en
la explotación de recursos ahora bajo control de
compañías nacionales, las cuales dominan las
zonas donde se ubican las mayor parte de las reservas identificadas.
En particular,
The Economist anota su preocupación sobre el tipo
de manejo que se tiene en las compañías nacionales:
“hay una posibilidad de que los muy preocupados nacionalistas
son meramente oportunistas que se aprovechan de los altos
precios del petróleo”. Aquí, además
de una referencia a lo que ocurre en Rusia con la nacionalización
de Yukos—donde se habla de que las ganancias terminarán
en las cuentas bancarias de los operadores—hay una
referencia muy clara a Hugo Chávez, quien ha aprovechado
la renta petrolera para promover su “Revolución
Bolivariana” entre los pobres de su país y
en buen parte de América Latina.
Cuando
pasa a la discusión sobre la posible escasez del
petróleo, The Economist da lugar a las opiniones
opuestas, es decir, a las que consideran que ya se llegó
a los mayores niveles de producción posible en el
planeta y a las que afirman que aún hay considerable
reservas que no han sido aprovechadas porque no han sido
ubicadas todavía o porque no se están recuperando
adecuadamente las que se tienen hoy en día. En este
sentido la conclusión es, por lo mismo, que el petróleo
no se va a acabar tan pronto como afirma un número
cada vez mayor de expertos petroleros. Sin embargo, para
que esto ocurra, es necesario que se hagan inversiones en
exploración y que se aproveche una tecnología
que no se está desarrollando como se necesita.
Finalmente,
al hablar de las alternativas, The Economist considera que
es a través de políticas públicas orientadas
al ahorro de energía que se puede poner en orden
a la OPEP, además de resolver los problemas ambientales
que la combustión del petróleo y sus derivados
han traído. En particular—y dado que es su
principal uso—considera importantes las medidas orientadas
a reducir el consumo de energía en el transporte.
Igualmente, termina recordando lo que dijo el Sheik Zaki
Yamani, ministro del petróleo de Arabia Saudita por
30 años: “La Edad de Piedra no termino por
falta de piedras y la Edad del Petróleo terminara
mucho antes de que el mundo se quede sin petróleo”.
En resumen,
para The Economist son la conjunción de la localización
geográfica y del manejo de los recursos petroleros
lo que determinará, en el mediano plazo, el papel
del petróleo en la economía mundial. En esta
dirección, si predomina el nacionalismo—y por
lo tanto, una explotación ineficiente e insuficiente—se
corre el riesgo de que los precios de petróleo solo
sigan subiendo. Sin embargo, también existe la posibilidad
de que ocurran eventos que hagan caer ese precio de manera
acelerada, como puede ser una rápida desaceleración
en el crecimiento económico de China (o de Estados
Unidos).
En pocas
palabras: para el mundo el problema del petróleo
no es de recursos escasos sino de su manejo, y su reflejo
es la incertidumbre, factor que no favorece a la inversión
y sí a la especulación. Como quien dice: amárrense
(o apriétense) los cinturones...