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-OPINIÓN-

Reunión Ministerial de Medio Ambiente y Energía del G-8 en Londres: la perspectiva de un observador activo.
Por Odón de Buen
Artículo publicado en www.funtener.org en Marzo de 2005

I. La invitación a hablar tres minutos.

Cuando José Alberto Garibaldi me invitó a Londres a hablar por tres minutos ante más de veinte ministros de medio ambiente y energía—incluyendo los de los ocho páises más poderosos del mundo—pensé que me estaba tomando el poco pelo que me queda.

Sin embargo, este buen amigo y colega de la Secretaría de Energía con el que coincidimos hace algunos años—cuando menos en nuestras presencias—en muchas reuniones nacionales e internacionales de la Secretaría, no estaba bromeando ya que él era de los principales organizadores de la llamada Mesa Redonda Ministerial de Medio Ambiente y Energía convocada por el Reino Unido como país presidente del llamado Grupo de los Ocho (G-8). La invitación, por lo mismo, iba muy en serio. De acuerdo a José Alberto, mi posible participación era necesaria ya que requerían de una opinión experta de un país en desarrollo sobre temas de ahorro y uso eficiente de energía, asunto en el que me he ganado alguna credibilidad.

Por supuesto, para que yo participase estaban dispuestos a pagar mis gastos de avión y hotel, aunque no habría honorarios. Yo, gustosamente y sólo revisando en mi agenda para ver con quien me iba a disculpar, acepté la invitación. Ya para entonces, por cierto, José Alberto me había hecho pensar en un tema específico, el de las llamadas mejores prácticas en eficiencia energética. Él todavía tuvo que consultarlo con sus jefes y, dos semanas antes de la reunión, me pidió que confirmara mi asistencia, cosa que había yo ya resuelto hacer.

II. El viaje sin fin.

No imaginé, sin embargo, que me resultara tan largo el camino a la reunión y tan lleno de peripecias. Para empezar, aunque José Alberto me lo había confirmado “de cuates”, la invitación formal que me llegó de Chatham House—los organizadores—no refería al pago de mis gastos, y la confirmación tardó casi cinco días en llegar. Luego, cuando ellos me confirmaron que sí pagarían el viaje, me dijeron que pagarían el equivalente a la mitad del boleto. En ese momento yo les dije que lo lamentaba, que no podía hacer ese gasto y que no iba a poder participar. Afortunadamente—aunque ya con el tiempo encima—me confirmaron que me pagarían el costo del boleto.

Pero las peripecias no terminaron allí. Para empezar, el avión de Aeroméxico que me llevó a Miami en domingo se retrasó una hora, lo que puso en riesgo mi conexión a Londres. Luego, al llegar al mostrador de Virgin Atlantic en Miami para registrarme para tomar su avión, tardaron casi veinte minutos en ubicar mi reservación, la cual no aparecía en la pantalla de la computadora del mostrador. Ya en el vuelo, a medio camino se enfermó gravemente una señora y el piloto decidió bajar (con el Jumbo jet lleno) a que se la llevaran unos enfermeros portugueses a un hospital en las Islas Azores, lo que nos alargó tres horas el vuelo. Luego, al ir por mi maleta en las bandas sin fin del aeropuerto Heathow de Londres, me vocearon para que fuera al mostrador, donde me avisaron que mi maleta—con mis trajes, camisas, corbatas y demás—no había llegado y que “llegaría mañana”. El hecho es que lo que parecía sería un día para dar una vuelta por Londres terminó con una forzada salida de compras para poder tener un saco, una camisa y una corbata para estar medianamente presentable para la reunión.

No todo, sin embargo, parecía terminar allí. Al llegar el martes a la reunión—donde en la entrada sí tenían, afortunadamente, mi nombre—José Alberto me dijo que habían cambiado el programa y que ya no iba a tener un turno establecido para hablar, sino que—quizás—podría hacer un comentario en un espacio de preguntas y respuestas. Yo, la verdad, ya no estaba en ánimo de sorprenderme y le dije que con estar allí era mucho más que suficiente. Él—que llevaba casi cuatro días sin dormir por la preparación del evento—decidió volver a consultar con los organizadores y, rato después, me notificó que el programa se había cambiado de nuevo y que tendría un lugar para, como se me había dicho y solicitado, hablar por tres minutos.

III. La inauguración.

El evento se llevó a cabo en un antiguo edificio que, hace ya varias décadas, contenía una cervecería y la mesa de discusiones—una herradura para más de 50 personas al—se ubicó en lo que, seguramente, era la nave mayor de la planta de proceso. Al frente, cerrando la herradura, había, a la izquierda, una mesa para los moderadores y, a la derecha, un podium. Al centro, una pantalla de mediano tamaño.

El primer discurso de la sesión inaugural—que tuvo como tema “Los Retos del Siglo XXI”—fue de Gordon Brown, Chancellor of the Exchequer que, en otras palabras más claras para nosotros, es el ministro de hacienda inglés. El Honorable Chancellor Brown leyó con mucho énfasis y soltura un discurso que reflejaba la clara posición de la Gran Bretaña sobre el tema del cambio climático. “Si nuestras economías van a florecer, si la pobreza global va a desaparecer, y si la calidad de vida de la población del mundo va a ser mejorada—no solo esta generación sino las que están por venir—debemos asegurarnos de cuidar el medio ambiente natural y los recursos en los que depende la actividad económica. Tenemos ahora mismo evidencia de que el cambio climático es el reto de mayor alcance—y casi ciertamente el más amenazador—de todos los retos ambientales que enfrentamos hoy día.”

Este discurso fue ampliamente difundido por la BBC de Londres, reflejando un esfuerzo de comunicación del gobierno inglés alrededor del tema de cambio climático. El discurso fue también reportado por el New York Times, que resaltó la consideración de que el cambio climático amenaza a la economía mundial. Asimismo, el Ministro de Hacienda inglés habló con mucha soltura de aspectos que otros en su posición difícilmente manejarían, en particular de la visión de la transición a un sector energético orientado a satisfacer servicios energéticos, no nada más a producir energía.

Un aspecto curioso de la presencia de Gordon Brown fue el hecho que, al día siguiente de que inaugurara la Mesa Redonda Ministerial—y en un ambiente de mucha atención de los medios por su importancia política a la luz de posibles elecciones en los meses por venir—presentó a la Cámara de los Comunes el presupuesto para el siguiente ciclo presupuestal.

A continuación tomó la palabra el Ministro chino Liu Jiang, responsable de la Comisión de Desarrollo Nacional y Reformas de China. El ministro Chiang reiteró el apoyo de su país a los esfuerzos internacionales para combatir el cambio climático, anotó que su país promueve las energías renovables, que tiene el propósito de bajar su intensidad energética en un 2% por año e hizo la primera referencia—de varias hechas por cuando menos cinco países—a la energía nuclear: “ la energía nuclear es energía limpia”, anotó. Algo más que dijo, y con lo que coincido plenamente, es que “el problema no está la tecnología, sino en la forma en la que es difundida e implementada”, esto referido, obviamente, a la tecnología para el ahorro de energía y aprovechamiento de energías renovables.

Como tercer orador de la sesión inaugural, el Director Ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía, Claude Mandil, planteó una prospectiva de los sistemas energéticos, sus fuentes y los impactos ambientales de su aprovechamiento. Planteó que la eficiencia energética ha tenido una contribución muy importante en los últimos 25 años, ya que sin las medidas que se han adoptado en el mundo el consumo final de energía sería 49% superior al actual. Sin embargo, refirió que las mejoras han perdido velocidad y que es necesario renovar esfuerzos para seguir mejorando la eficiencia energética de la economía mundial.

Para terminar esta parte de la reunión habló Jaques E Dubois, Chairman del Swiss Re America Holding Company, quien resaltó los costos crecientes a las aseguradoras por los desastres naturales relacionados a fenómenos climáticos y, por supuesto, asociados al cambio climático global.

IV. La participación oficial de México.

La siguiente sesión tuvo como tema “Los motores de las políticas nacionales e internacionales” y tuvo como primer orador al Comisionado de Energía de la Comisión Europea, y quien enfatizó muy particularmente la importancia del ahorro de energía.

Vino, entonces, el turno de México.

No puedo negar que la participación del Secretario de Energía de México, Fernando Elizondo Barragán, me decepcionó y, es más, me disgustó. Me decepcionó porque hace seis semanas, cuando inauguró el seminario de la Conae con la Unión Europea sobre ahorro de energía y energías renovables, su discurso, improvisado, fue coherente y visionario, y yo esperaba aquí en Londres un “ancore” de su parte. Por otro lado, me disgustó porque pudo haber hecho lucir al país con una referencia clara y amplia sobre el trabajo que se ha hecho en nuestro país y los resultados que se han tenido en los temas de ahorro de energía en los últimos 15 años, pero apenas hizo una referencia tímida a algunas de las actividades.

Será que—aunque venía acompañado de tres funcionarios de la SENER—no estaba bien informado, o que estaba más preocupado por las negociaciones con el SME para evitar la huelga en Luz y Fuerza, o que ya se había dado por satisfecho porque, junto con Corea del Sur, acababa de firmar una adhesión a la iniciativa inglesa del REEP, o será que manejó un bajo perfil con alguna intención poco obvia, pero el hecho es que se guardó decirle a este foro mucho de lo que México ha logrado en el campo de la eficiencia energética, uno de los temas centrales de la reunión.

Para empezar, no llevaba un discurso preparado de antemano—como sí lo hicieron la gran mayoría de los que hablaron—y solo improvisó en un aceptable inglés. Luego, sin datos de la importancia de México como actor económico y energético, anotó algunas excusas por las cuales México no aprovecha las energías renovables. Para continuar, habló de los problemas que se tienen para ampliar la plataforma petrolera (que, la verdad, no venía al caso). Finalmente, al hablar de lo que México ha hecho en ahorro de energía, mencionó al Horario de Verano, refirió a la existencia del FIDE y anotó la intención de hacer algo en el sector residencial.

Por alguna razón que desconozco—pero que puedo imaginar—el Secretario de Energía no mencionó logros de México que, en ese contexto, hubieran lucido mucho más que los que refirió. Está el hecho—anotado en los Balances de Energía que publica la mismísima SENER—que México ha bajado la intensidad energética de su economía en más de 20% en 15 años. A su vez, los índices de emisiones de bióxido de carbono de la actividad económica del país también van a la baja desde hace varios años. Igualmente—y más en una reunión donde se enfatizó la colaboración internacional—no refirió al hecho de que, desde hace dos años, los refrigeradores, motores eléctricos y aires acondicionados que se venden en México tienen normas de eficiencia energética homologadas con las de dos países desarrollados (y miembros del G-8) como son Estados Unidos y Canadá, aspecto que ninguna economía en desarrollo puede presumir.

Por supuesto, no mencionó los millones de toneladas de CO2—ni los gastos por cientos de millones de dólares—que se evitan por la existencia de esas y otra docena de normas de eficiencia energética en México. Tampoco refirió al proyecto ILUMEX, uno de los primeros y de los más exitosos proyectos apoyados por el Global Environmental Facility (presente y participante en la reunión), ni al hecho de que México ratificó tempranamente el Protocolo de Kyoto, ni que en PEMEX se tiene un mercado interno de bonos de carbono que se inició en la administración del Presidente Fox.

Yo, la verdad, no puedo culpar al secretario Elizondo Barragán de estas omisiones. El hecho es que estos no son asuntos que estén en la parte alta de la agenda de los secretarios de energía de México y que, además, les toma mucho tiempo—si es que llega a ocurrir—para que los atiendan y medio entiendan. Además, los colaboradores más cercanos también se tardan en entender el asunto y a veces los omiten porque, simplemente, no les conviene. Para complicar más el escenario, los secretarios de energía difícilmente duran la mitad de un sexenio y los cambios de ellos y sus subsecretarios son—ciertamente demasiado—frecuentes. En fin, borrón y cuenta nueva cada dos o tres años.

V. Las otras participaciones del primer día.

Después de la participación del Secretario Elizondo, hablaron ministros de Sudáfrica, Francia y Polonia, y todos mencionaron a la energía nuclear como elemento en la búsqueda de un mundo menos intensivo en emisiones de carbono. Por su parte, el ministro sudafricano mencionó las dificultades para aprovechar el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) y la necesidad de trabajar, más allá de las acciones de mitigación, en el la adaptación al cambio climático.

Vino entonces el turno para el representante ruso, quien enfatizó la necesidad de mejorar la eficiencia en la producción de energía y, en particular, en las plantas térmicas. A su vez, un representantes del sector privado y una representante del Fondo Mundial para la Vida Silvestre (WWF por sus siglas en inglés), retomaron el tema de la eficiencia energética, reconociendo la importancia de las normas obligatorias y el hecho de que con la tecnología en el mercado se puede avanzar para una mayor eficiencia energética. La representante del WWF marcó, por primera vez, la necesidad de trabajar en el tema de la biomasa y los biocombustibles.

Después de un receso, habló el representante de los Estados Unidos—que, por cierto, no tenía, siquiera, nivel de subsecretario—y lo hizo sin mencionar al cambio climático, aunque si hizo mucho énfasis en el papel de la tecnología y del sector privado para reducir las emisiones de carbono. Lo siguió el representante de Indonesia, quien, básicamente, pidió ayuda no solo para recuperarse de los destrozos del Tsunami, sino también para desarrollar los sistemas alternativos de energía en su país. A continuación habló el representante italiano, quien enfatizó la cooperación que tienen en el contexto de la zona del Mar Mediterráneo para promover las energías renovables y la eficiencia energética. Después habló el representante de Alemania, quien disculpó a su ministro—que tuvo problemas para poder llegar—y enfatizó los grandes avances de su país en el aprovechamiento de las energías renovables y retomó el tema de la eficiencia térmica en plantas de generación de electricidad.

VI. Mi turno.

A mi me tocó hablar en el último lugar de la última sesión del primer día. Habiendo pasado—buscando la mayor discreción—la primera parte de la reunión sentado entre los asientos puestos para el público, al iniciar la última sesión la persona encargada de coordinar a los traductores (y a quien le había dado los archivos de mi presentación) me refirió que había un lugar para en la mesa y hasta allí me llevó.

La verdad es que estaba algo confundido. Por un lado, lo que había escrito lo había hecho sin tener una clara idea del contexto y del momento en el que me tocaría hablar. Ya para entonces era claro que los temas eran muy variados y que a mí me tocaba enfatizar el referente a la eficiencia energética, cosa para la que ya estaba preparado. Por otro lado, sin embargo, yo no traía más representación que la de mí mismo y el programa que se había entregado no traía mi currículo vitae y los coordinadores de las sesiones no referían más que los nombres, puesto y afiliación de las personas. Finalmente, la presentación del Secretario Elizondo Barragán no era una buena plataforma de referencia para que la gente supiera que yo operé siete años y medio una de las organizaciones gubernamentales más importantes en el mundo en desarrollo dedicadas al ahorro de energía ni tampoco podía yo afectar la imagen de mi país contradiciendo en público al responsable de la política energética de México.

En fin, lo único que me quedó hacer fue seguir con el guión original que me había preparado para mí mismo y solo referir, para dar una referencia a quien era o qué significaba yo allí esa tarde, que lo que iba a decir era “la perspectiva de alguien que ha trabajado en estos temas por más de veinte años.” En cuanto a lo que dije, mi intención principal fue marcar que la tecnología es un elemento importante para el ahorro de energía, pero no el único. Igualmente, marcar que el reto de quienes son responsables de mejorar la eficiencia energética en los países y las empresas es convertirla en una prioridad sobre otras prioridades dominantes.

VII. El segundo día.

En el segundo día las cosas no cambiaron mucho aunque lo interesante fue la reiterada participación de los representantes de Estados Unidos, en particular la de James L. Connaughton, responsable en la Casa Blanca de los asuntos de calidad ambiental, quien co-coordinó la sesión de la mañana. Una y otra vez los representantes norteamericanos anotaron los trabajos de investigación que se realizan en su país con la participación del sector privado, resaltando, en particular, los trabajos alrededor del hidrógeno, el cual fue un tema que tuvo considerable atención en este segundo día.

Aquí, ya sin hacerlo como una descripción cronológica y abusar del ánimo de los lectores, me voy a permitir anotar los puntos se fueron refiriendo a los largo del día y que me parecieron los más importantes:

  1. La tecnología es parte de la solución, no el único elemento. Este comentario fue hecho por Leo Good, responsable del Global Environmental Facility (GEF) y con mucha autoridad por la cantidad y variedad de proyectos que han impulsado en una gran variedad de contextos.
  2. Generalizar el uso de normas de eficiencia energética para equipos y edificios. Varias veces se mencionó la necesidad de generalizar este instrumento de política pública. Aquí los europeos fueron los que más insistieron, en buena medida porque están trabajando muy fuerte en los que se refiere a edificios.
  3. La utilidad de la visión sectorial. Este fue un punto planteado por la representación del Canadá y que tuvo mucho eco. El punto fue que las exigencias y las soluciones para reducir emisiones de gases de efecto de invernadero deben diferenciarse de acuerdo a la estructura y necesidades de los sectores industriales ya que algunos están muy atados a procesos que requieren de combustibles fósiles (como el del cemento).
  4. Las posibilidades de las compras de gobierno. Presentado por un legislador inglés, el hecho de que los gobiernos, en sus decisiones de compra, pueden generar mercados para equipos y sistemas de “bajo impacto de carbono”, se anotó como una política que debe ser recomendada a todos los países.
  5. Los subsidios en los precios de energía. Este es un tema que se reiteró varias veces en el segundo día y que fue considerado como una política equivocada porque, además, no son generalmente entregados a los más necesitados.
  6. La utilidad de los índices de referencia (benchmarks). El tener índices energéticos de equipos y sistemas con los cuales compararse fue reconocido como una práctica muy útil.
  7. El valor de la diversificación. Un par de participaciones recordaron a los participantes que no debemos concentrarnos en una sola alternativa, sino que debe verse como un portafolio que permite repartir el riesgo.
  8. La necesidad de políticas de gobierno de largo plazo. Esto fue enfatizado por Margaret Becket, ministra de Medio Ambiente, Alimentos y Asuntos Rurales del Reino Unido, bajo la lógica que esto es lo que da certidumbre a los actores del mercado, quienes son los que asumen los riesgos de los cambios mayores.
  9. Inversiones actuales y futuras en infraestructura de sistemas energéticos (gas natural vs hidrógeno). Se manifestó la preocupación de que el énfasis actual en el hidrógeno—que, en su momento, requeriría de complejos sistemas de distribución—esté menguando los ánimos de quienes invierten en la infraestructura del gas natural, más aún cuando los plazos para los que se plantea la generalización del uso del hidrógeno son más cortos que los que son aceptables para recuperar inversiones en infraestructura de gas natural.
  10. La posición alemana sobre la energía nuclear. Los alemanes fueron los únicos que mencionaron a la energía nuclear como algo que se está dejando atrás, al recordar que ellos están procediendo con el desmantelamiento de sus plantas.
  11. Acceso de los pobres a la energía. Una y otra vez se recordó de la necesidad de ampliar el acceso de los más pobres en el mundo a formas modernas de energía, en particular la electricidad.
  12. Los biocombustibles. Fue la representación brasileña, por medio de su ministra de medio ambiente, que recordó de la importancia y potenciales de los biocombustibles. Curiosamente—quizá porque no es responsable de los temas energéticos—mencionó poco de lo mucho que Brasil ha hecho en ahorro de energía, lo cual ha sido significativo (aunque, en mi opinión, no con el alcance que ha tenido en México).
  13. Los problemas del Mecanismo de Desarrollo Limpio. Se resaltó un par de veces un aspecto preocupante de las reglas establecidas para este mecanismo: su corta duración respecto al ciclo de vida económica de los proyectos.
  14. La necesidad de retomar el tema de la adaptación al cambio climático. Dos participaciones—y en particular la de Stephan Dion, responsable de la próxima reunión en Montreal de la Conferencia de las Partes de la Convención Internacional sobre Cambio Climático—marcaron la necesidad de trabajar no solo en la mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero, sino también en la adaptación al fenómeno, el cual ya se ve como inevitable.
  15. La insistencia en la cooperación internacional. Este fue un punto repetido por varias representaciones y que, al final del día, fue enfatizado en las conclusiones.

VIII. Mis conclusiones finales.

Sin duda, una reunión importante porque se retomaron, al muy alto nivel, muchos temas que parecían perder peso en la agenda internacional, en particular el de la eficiencia energética. A su vez, la aparición significativa—por las repetidas menciones—del tema de la energía nuclear, fue algo que anotar y resaltar.

En cuanto a México, pues me queda claro que aquí ya se hacen muchas—no todas, sin embargo—de las actividades y políticas que se refieren como recomendaciones en el campo de la eficiencia energética.

En México tenemos normas obligatorias para equipos y edificios (homologadas con las del país más desarrollado del mundo), tenemos programas orientados al sector público, hemos hablado por mucho tiempo sobre compras de gobierno y tenemos fideicomisos que facilitan la compra de equipos eléctricos eficientes. El problema que percibo—y es de veras un problema—es que nuestras más altas autoridades no saben bien qué hemos hecho y ni qué estamos haciendo.

Esto, además de hacernos pensar que tampoco—y menos aún—sepan bien que hacer hacia el futuro, nos lleva temer de que corremos el muy grave riesgo de que perdamos mucho tiempo y recursos cuando se intente hacer algo nuevo y que de que lo que se intente—por no saber qué se ha hecho—vuelva a hacer lo mismo y, peor aún, no necesariamente mejor de lo que se hizo antes.

Espero, por supuesto, estar profundamente equivocado.

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Transición Energética
 Actualizado el lunes, 13 de marzo de 2006