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-OPINIÓN-

Los seis elementos que faltan para que la Reforma Eléctrica sea integral.
Por Odon de Buen R.

Nota: Este documento fue escrito en 2004.

Actualmente se discute una Reforma Eléctrica que plantea una serie de modificaciones legales que incluyen cambios en la Constitución. El Ejecutivo Federal la justifica en función de la necesidad de complementar la inversión pública con la participación del sector privado y de abrir un mercado entre privados que permita reducir la presión económica que sobre el erario público representa la garantía de compra que actualmente hace posible los nuevos proyectos con inversión privada. Por su parte, la oposición a la reforma se ha concentrado en los aspectos de la propiedad de los activos, planteando que no debe modificarse la situación actual de monopolio estatal en la generación, transmisión y distribución de electricidad.

Estos aspectos son de gran importancia y, afortunadamente, se están discutiendo a fondo. Sin embargo, una “reforma” de un sector tan complejo y tan dinámico como el eléctrico requiere de una visión con mayor espectro temático. En este sentido, la discusión no ha entrado a analizar aspectos muy importantes que ya se perfilan en los sistemas eléctricos modernos y que no tienen que ver con la cuestión de la propiedad de los activos. Por lo tanto, nosotros creemos que hay más elementos que deben entrar—y ser analizados e integrados al diseño que se realiza en la actualidad—en la visión de lo que será el sistema eléctrico del futuro en nuestro país.

En particular, consideramos que hay otros seis aspectos qué considerar, de gran importancia para la Nación—porque tienen que ver con su economía, su medio ambiente y con su soberanía energética y tecnológica—que deben ser puestos sobre la mesa en el diseño del futuro de la electricidad en México, y los cuales anotamos a continuación:

  1. Los sistemas eléctricos están cambiando radicalmente su arquitectura hacia la descentralización. El sistema eléctrico mexicano es un sistema que opera—casi en su totalidad—con grandes centrales que alimentan a una red nacional. Estas son centrales que llegan a tener capacidades de 2 millones de kW. Existe un proceso ya muy claro y bien documentado en el mundo por el cual las plantas de generación de electricidad son cada vez más pequeñas (de mil kW hacia arriba) y más cercanas a los usuarios finales, y que compiten en costos de generación con lo que llega de la red. Esto está siendo empujado por el desarrollo tecnológico, por la disponibilidad de nuevos combustibles (como el gas natural) y, más recientemente, por las preocupaciones inherentes a la vulnerabilidad que representa la concentración de capacidad de generación en pocas plantas. Este es un proceso que está tomando fuerza y velocidad en mercados eléctricos más modernos y que no puede dejar de ser considerado en el diseño de lo que será el inicio del sistema eléctrico mexicano del futuro.
  2. La diversificación energética es una necesidad estratégica. De la misma manera que no es recomendable concentrar capacidad en unas cuantas plantas mayores, tampoco lo es el depender de una variedad limitada de fuentes de energía. México actualmente depende de combustibles fósiles para el 75% de su generación de electricidad y lo único que está haciendo en la actualidad es pasar de una dependencia del petróleo a una dependencia del gas natural. Actualmente las reservas probadas de petróleo no dan para más de quince años a las tasas de explotación actual. A su vez, la clara volatilidad de los precios del gas natural y las incertidumbres sobre su suministro ponen en duda la alta dependencia que se plantea de este combustible para los próximos años. Finalmente, en el país se tienen altos potenciales para aprovechar energías renovables, en muchos casos sin necesidad de subsidios. Dadas estas circunstancias es importante, en este momento, definir qué estrategias deben seguirse para aprovechar esas energías renovables y reducir los riesgos que sobre nuestra economía tiene la actual dependencia en el petróleo y la que se planea del gas natural.
  3. Los impactos ambientales no deben ser ignorados. El uso de combustibles fósiles para la generación de electricidad produce contaminación que afecta la salud de las personas y de ecosistemas y está afectando al clima planetario. El alto porcentaje de la generación de electricidad que en México se tiene a partir de combustóleo, el carbón y gas natural implica niveles de contaminación comparativamente mayores a los de economías más diversificadas energéticamente. Promover alternativas a los combustibles fósiles significa, por lo tanto, reducir el daño y los costos que resultan de nuestros patrones actuales de generación de electricidad.
  4. El sector no termina en el medidor. La energía eléctrica sirve, a final de cuentas, para obtener un servicio, ya sea luz para estudiar, frío para conservar alimentos o fuerza para elevar agua a un tinaco. Por lo mismo, considerar al sistema eléctrico como un sistema de suministro de kilowatts-hora y no de servicios energéticos es un error. Sin embargo, casi nada (o prácticamente nada) se ha escuchado del fomento de las alternativas que sirven para cumplir un servicio energético sin requerir electricidad. Si no se considera a materiales como el aislamiento térmico o productos como una lámpara ahorradora como alternativas al suministro de electricidad (y se les compara en costo social) se estarán limitando las opciones que se tienen para tener los servicios energéticos más baratos. La reforma eléctrica debe, por lo tanto, meter a la demanda en la ecuación, estableciendo políticas que faciliten el aprovechamiento del valor del desperdicio energético para pagar las alternativas que lo eliminen.
  5. La política energética es también política industrial y de empleo. México no puede competir en la producción de la tecnología fundamental para las grandes centrales eléctricas (turbinas y generadores). Sin embargo sí puede competir (y ya compite) en el desarrollo y producción de tecnología para la generación en pequeña escala y con energías renovables, y en la manufactura de materiales, equipos y sistemas que permiten ahorrar energía. Por lo mismo, y por el interés que tenemos de que se amplíen las oportunidades de negocios y de empleo en nuestro país, deben diseñarse las políticas que le abran el espacio en la competencia a las alternativas de ahorro de energía, de generación en pequeña escala y con energías renovables. Desde otra perspectiva, en la discusión actual se habla de mantener subsidios al consumo de electricidad y esta es una fórmula que sólo promueve el desperdicio, no solo de energía sino también de dinero público. Es necesario, más bien, discutir los subsidios a las inversiones en ahorro de energía, lo cual servirá para generar empleos.
  6. Las empresas eléctricas ya no deben ser sistemas cerrados. Uno de los procesos sociales más importantes de los últimos veinte años ha sido el creciente involucramiento de la sociedad en los procesos de toma de decisiones de empresas públicas y privadas. Hoy la sociedad exige cada vez más información y de mejor calidad sobre las implicaciones ambientales y sociales de la actividad económica de todo tipo de empresas. Por lo mismo, una economía moderna es una economía abierta a la información. Es necesario, por lo tanto, que la reforma eléctrica incluya espacios de participación de la sociedad en la supervisión de la operación del sistema eléctrico y de las empresas eléctricas.

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Transición Energética
 Actualizado el martes, 6 de febrero de 2007