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-OPINIÓN-

¿Llegó la hora del despegue del calentamiento solar de agua en México?. Parece que si.
Por Odón de Buen R.

En los últimos dos años, empujadas por una variedad de actores y de factores, se han ido dando las condiciones para que la energía solar se convierta en una alternativa para el calentamiento de agua en México.

Normas para garantizar la calidad de los equipos, un laboratorio para hacerles las pruebas para certificarlos, normas para obligar a que se instalen en la Ciudad de México, precios altos de las alternativas convencionales, bajas tasas de interés y el apoyo de organismos internacionales privados y públicos, entre otros, han llevado a que estén dadas las condiciones de que se generalice el uso de los calentadores solares en México.

Vamos por partes.

Quizá la iniciativa más importante (porque es la que permite la existencia de otras piezas clave) es la que tomó la Asociación Nacional de Energía Solar (ANES) al patrocinar—en un esfuerzo económico excepcional para la ANES—el establecimiento de un comité de normalización y llevar adelante un proceso de desarrollo de normas para equipos y sistemas de calentamiento solar. El trabajo de este comité de mnormalización, que parte de la colaboración que ANES tuvo con la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (Conae) a principios de la administración del Presidente Fox, recorrió un proceso de negociación nunca antes visto entre fabricantes en México y ha tenido como fruto ya una primera norma voluntaria que sirve para asegurar que los calentadores solares tengan un nivel mínimo de calidad y que se establezca y conozca su curva de rendimiento.

Esta norma tiene como complemento el laboratorio que se ha instalado en la Universidad de Guanajuato y que está en operación desde hace muy poco tiempo – no más de seis meses. Sin embargo, hasta el momento no se ha dado certificación de producto alguna ya que el precio que tiene la certificación (no tanto el de las pruebas) es desproporcionado respecto de lo que hoy día representa el mercado. Esta situación, que es un serio impedimento para el desarrollo de un mercado de equipos certificados en México, está siendo analizada de manera individual y colectiva por la industria y por la organización que tiene hoy día los derechos de la certificación y es muy posible que se llegue a un acuerdo satisfactorio para todas las partes.

Otro elemento que ha contribuido a empujar estas iniciativas ha sido la iniciativa que ha tomado la International Copper Association (PROCOBRE en México), la cual ya realizó un primer estudio de mercado y ha establecido una alianza con la ANES. Dentro del proceso del estudio de mercado se integró un consejo asesor que permitió que se presentara un diálogo renovado entre los distintos actores interesados en el desarrollo del calentamiento solar. Igualmente, el interés de PROCOBRE ha permitido que haya recursos para apoyar la continuidad del esfuerzo de normalización iniciado por la ANES y a que en este momento la Conae tenga ya en su mesa un proyecto de apoyo del Global Environmental Facility (GEF) que servirá para consolidar los elementos que sirven para que el mercado se dé.

A su vez, el Gobierno del Distrito Federal (GDF) ha contribuido al plantear, negociar e implantar una norma ambiental que obliga a que todas las instalaciones nuevas y de uso público del DF tengan que utilizar la energía solar para calentar el 30% de sus necesidades de agua caliente. Esta norma ya está vigente, aunque las actividades de promoción que ha venido realizando la Secretaría del Medio Ambiente del GDF han quedado detenidas por el cambio de gobierno en el DF.

Además de todo esto, se han dado condiciones macroeconómicas favorables, siendo la principal la relacionada a una baja de las tasas de interés, factor fundamental en equipos cuyo costo casi único es el de compra e instalación. De acuerdo a cálculos hechos en el contexto del estudio de mercado para PROCOBRE, la reducción de estas tasas en México a niveles por debajo del 10% (para la tasa interbancaria) ha hecho que el costo de la amortización unitaria (el costo por unidad térmica entregada) sea competitivo con el costo de operación de los sistemas que funcionan con combustible convencionales. Aunado a esto, el aumento del precio del petróleo (y en los derivados y en el gas natural) ha llevado a que la unidad térmica solar sea más barata que las convencionales.

Adicionalmente, otro actor con recursos e interés (en este caso el gobierno alemán a través de la GTZ, su órgano de cooperación técnica internacional) ha patrocinado para la Conae un estudio de mercadeo (más que de mercado) de los calentadores solares en México. Este es un estudio que analiza diferentes vías de comercialización y que llega a la conclusión (entre otras) de que lo mejor sería que los sistemas de tipo doméstico se vendan como parte de lo que se ofrece a una casa nueva (y aprovechar las tasas de interés hipotecario, que son las más bajas).

Sumado a esto desde hace más de dos años, el Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica (FIDE) ha establecido y operado un programa orientado a los empleados de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para que sustituyan y/o complementen sus sistemas de calentamiento de agua (generalmente eléctricos, por aquello de que tienen la prestación de kilowatts-hora gratuitos) con sistemas solares. Actualmente los planes del su nuevo director son muy ambiciosos e incluyen una mayor ingerencia en la promoción de las energías renovables en México.

Para hacer el “caldo más gordo” (y quizás reflejando que esto va en serio), la empresa Cal-O-Rex (fabricante, según se me ha comentado, del 80% de los calentadores de gas que se comercializan en México) ya presentó, hace un par de meses en una reunión de la asociación de la industria de los electrodomésticos (ANFAD), un modelo de calentador de agua híbrido que opera con gas y con energía solar. Esta misma empresa ya ha solicitado formar parte del NESO-13 (comité de normalización de calentamiento solar).

Finalmente, está literalmente en el ambiente el asunto del cambio climático global que está empujando, más allá de las coyunturas de precios de los energéticos convencionales, la necesidad de aprovechar alternativas de baja o nula emisión de gases de efecto de invernadero como la que representan los calentadores solares.

En fin, que al iniciar un nuevo ciclo administrativo en los gobiernos federal y del Distrito Federal se tienen casi todas las piezas que se requieren para hacer que el mercado de los sistemas de calentamiento solar despegue: obligación de uso en la ciudad más importante de México, normas para que los equipos tengan la calidad suficiente, tasas de interés favorables, precios altos de los energéticos convencionales y apoyos internacionales en la puerta.

Sin embargo, hay, aparte de la cuestión del precio del petróleo (que ha bajado y que puede seguir bajando) algunos “peros”que pueden echar todo a perder.

El primero tiene que ver con la capacidad actual de la institución que debe tener la batuta y la iniciativa: la Conae. Desgraciadamente, más allá de haber apoyado marginalmente en el proceso que financió la GTZ, no parece querer tomar la iniciativa, lo cual se refleja en el proceso de normalización, donde pone argumentos (ciertamente válidos) contra normas voluntarias complementarias pero donde no toma la iniciativa de convocar a los principales actores para construir los consensos que se requieren para definir el mejor mecanismo que permita que no se repitan las historias que han puesto en duda la factibilidad técnica y económica de la energía solar. Es muy posible que esta posición de la Conae se deba al frecuente cambio de directores generales (cuatro en menos de tres años) y a que estos no han tenido el nivel de compromiso que el tema requiere.

El segundo tiene que ver con la amenaza que para los fabricantes establecidos representan los nuevos actores del mercado y la forma en la que aquellos reaccionen. Por un lado, los productos importados de China, que son más baratos que los producidos aquí, pero cuya calidad no está garantizada. En este sentido las normas pueden servir a los productores mexicanos para mantener fuera de los programas de gubernamentales de apoyo a los productos de baja calidad (vengan de donde vengan).

A su vez, la aparición de empresas con grandes capacidades de fabricación y comercialización puede significar, por la inexorable dinámica de los mercados de productos de uso generalizado, que desaparezcan la mayoría de las existentes. Esto será, al mismo tiempo, un triunfo y una tragedia, al lograrse la meta que idealmente se ha buscado por quienes fabrican y distribuyen calentadores solares desde hace décadas pero que muy posiblemente la desaparición de los heroicos pioneros de la energía solar en México. En este sentido, es muy posible que no puedan competir como fabricantes, pero pueden insertarse en alguno de los eslabones de la cadena del mercado (que va desde la maquila hasta la venta e instalación).

Esta situación inevitablemente llevará a una polarización donde los pequeños pueden ejercer una especie de “derecho de pataleo y de veto” sobre las acciones que corresponde ahora llevar a cabo. Esto va a requerir de un trabajo de gestión de las autoridades (suponemos que de la Conae) para que se abra una oportunidad para que se tengan un lugar en el mercado o para que desaparezcan honrosamente.

Finalmente, el lograr que el proceso de normalización cumpla con el objetivo de proteger a los usuarios de los equipos de los oportunistas y de los “mal hechos”. Aquí será necesario que se dinamice el proceso de certificación con una fórmula que reduzca significativamente sus costos. Además, que se defina el mecanismo que garantice que las instalaciones (más allá de los equipos) funcionen adecuadamente.

Pues bien, todo parece señalar que estamos en el umbral de una nueva época para el calentamiento solar en México. Este cruce de umbral será, primero que nada, un triunfo para quienes han promovido la energía solar en el país. Significará, también, una reestructuración radical del mercado, lo cual seguramente afectará a la actual industria solar, la cual ha existido con un mercado pequeño. Esto es, si así es, inevitable.

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Transición Energética
 Actualizado el martes, 5 de diciembre de 2006