La
industria automotriz en los tiempos de la gasolina cara.
Por Ing. Odón de Buen R.
Hasta
hace un par de años, la mayor parte de la industria
automotriz recorría a gran velocidad, como en anuncio
de auto deportivo, el camino hacia vehículos cada
vez más grandes y con menores rendimientos de combustible.
En
esos ya algo lejanos tiempos, los vehículos híbridos
eran todavía una invención para ricos y románticos
preocupados por el cambio climático y la contaminación
en las ciudades. En esos días, lo único que
detenía a los consumidores de comprar un SUV (Sport
Utility Vehicle) era el temor de alguna volcadura (por su
menor estabilidad) y los grandes armadores americanos (GM
y Ford) competían por traer al mercado el vehículo
más monstruoso y voraz. Por supuesto, eso no aseguraba
ni asegura una transportación más rápida,
ya que las ciudades y sus calles de las principales ciudades
del mundo están cada vez más cerca de la saturación
de autos, lo cual se refleja en los cada vez mayores períodos
de tiempo que las personas pasan sentados en sus hermosas
y relucientes máquinas.

Hoy
día el mundo es distinto y las noticias así
lo reflejan. En primerísimo lugar, el petróleo
no baja de sesenta dólares el barril, más
de dos veces su precio hace esos dos años. Así,
hoy día los armadores compiten por tener el mejor
híbrido y GM y Ford luchan por su vida. No hay semana
en la que no deje de aparecer algún nuevo modelo
de híbrido o que Ford o GM den una nueva mala noticia
a sus empleados y a sus accionistas (o que Toyota, quien
se arriesgó a producir en serie autos híbridos,
tenga ganancias comparables a las de las empresas petroleras
que le venden la gasolina a los dueños de los SUVs).
El
alguna vez renegado término de “economía
de combustible” ha retomado un lugar en
el vocabulario del país.
The Economist de enero 19 de 2006 en relación
al mercado automotriz en Estados Unidos. |
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Más
allá de lo que ocurre en los recintos de los ayuntamientos
de las principales ciudades del mundo, donde el ampliar
y mejorar el servicio de transporte público toma
cada vez mayor fuerza en la agenda de los gobernantes de
las grandes concentraciones humanas, esta nueva situación
está llevando a una nueva revolución en la
industria automotriz.
Por
un lado, ya se habla de variaciones al diseño de
los híbridos con diseños de motores que se
acercan más a lo eléctrico (los llamados “plug-in”)
con una conexión a la red eléctrica, mayor
capacidad de almacenamiento de electricidad y menores motores
de combustión que los modelos actuales. Por otro
lado, los autos con motor diesel—muy utilizado en
Europa—son ahora reconsiderados en los mercados por
su mayor rendimiento y porque han reducido las emisiones
gracias a mejores motores y a mejores combustibles. Finalmente,
los biocarburantes, que son una forma de energía
renovable, que a los precios actuales son una alternativa
económica y que tienen gran desarrollo (por la vía
del combustible y de los vehículos que lo utilizan)
en países como Brasil, aparecen como una componente
básica de las nuevas gasolinas.
En
este último sentido llama la atención que,
por un lado, el Presidente Bush, hace una semana, considere
a los biocarburantes como una de las soluciones a la gran
dependencia de Estados Unidos del petróleo importado.
Por otro lado, llama también la atención que
en México la SENER y la SAGARPA (y no tan discretamente
la SEMARNAT) peleen hoy día por liderear el proceso
de introducción del etanol de caña a la oferta
de combustibles para automotores.
El hecho
es que estamos hoy día ante una acelerada transformación
de la forma y de los vehículos en que nos transportamos
y que esto es resultado de las señales económicas
que nos envía el mercado. Esto, por supuesto, deja
en el aire la pregunta que se hacen muchísimos tomadores
de decisiones en el mundo: ¿y si se cae el precio
del petróleo?. La respuesta a esta pregunta es, para
muchos también, que el precio no va a bajar en un
buen rato—si es que baja. Por lo mismo, es muy posible
que esta nueva revolución automotriz apenas comience.