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La
Reunión
Ministerial de
Medio Ambiente
y Energía del G-8
en Londres:
la perspectiva de
un observador
activo.
Por
Odón de Buen R.
Editor/www.funtener.org
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I.
La invitación a hablar tres minutos.
Cuando
José Alberto Garibaldi me invitó a Londres a hablar
por tres minutos ante más de veinte ministros de medio
ambiente y energía—incluyendo los de los ocho páises
más poderosos del mundo—pensé que me estaba
tomando el poco pelo que me queda.
Sin
embargo, este buen amigo y colega de la Secretaría de Energía
con el que coincidimos hace algunos años—cuando menos
en nuestras presencias—en muchas reuniones nacionales e
internacionales de la Secretaría, no estaba bromeando ya
que él era de los principales organizadores de la llamada
Mesa Redonda Ministerial de Medio Ambiente y Energía convocada
por el Reino Unido como país presidente en la actualidad
del llamado Grupo de los Ocho (G-8). La invitación, por
lo mismo, iba muy en serio. De acuerdo a José Alberto,
mi posible participación era necesaria ya que requerían
de una opinión experta de un país en desarrollo
sobre temas de ahorro y uso eficiente de energía, asunto
en el que me he ganado alguna credibilidad.
Por
supuesto, para que yo participase estaban dispuestos a pagar mis
gastos de avión y hotel, aunque no habría honorarios.
Yo, gustosamente y sólo revisando en mi agenda para ver
con quien me iba a disculpar, acepté la invitación.
Ya para entonces, por cierto, José Alberto me había
hecho pensar en un tema específico, el de las llamadas
mejores prácticas en eficiencia energética. Él
todavía tuvo que consultarlo con sus jefes y, dos semanas
antes de la reunión, me pidió que confirmara mi
asistencia, cosa que había yo ya resuelto hacer.
II.
El viaje sin fin.
No
imaginé, sin embargo, que me resultara tan largo el camino
a la reunión y tan lleno de peripecias. Para empezar, aunque
José Alberto me lo había confirmado “de cuates”,
la invitación formal que me llegó de Chatham House—los
organizadores—no refería al pago de mis gastos, y
la confirmación tardó casi cinco días en
llegar. Luego, cuando ellos me confirmaron que sí pagarían
el viaje, me dijeron que pagarían el equivalente a la mitad
del boleto. En ese momento yo les dije que lo lamentaba, que no
podía hacer ese gasto y que no iba a poder participar.
Afortunadamente—aunque ya con el tiempo encima—me
confirmaron que me pagarían el costo del boleto.
Pero
las peripecias no terminaron allí. Para empezar, el avión
de Aeroméxico que me llevó a Miami en domingo se
retrasó una hora, lo que puso en riesgo mi conexión
a Londres. Luego, al llegar al mostrador de Virgin Atlantic en
Miami para registrarme para tomar su avión, tardaron casi
veinte minutos en ubicar mi reservación, la cual no aparecía
en la pantalla de la computadora del mostrador. Ya en el vuelo,
a medio camino se enfermó gravemente una señora
y el piloto decidió bajar (con el Jumbo jet lleno) a que
se la llevaran unos enfermeros portugueses a un hospital en las
Islas Azores, lo que nos alargó tres horas el vuelo. Luego,
al ir por mi maleta en las bandas sin fin del aeropuerto Heathow
de Londres, me vocearon para que fuera al mostrador, donde me
avisaron que mi maleta—con mis trajes, camisas, corbatas
y demás—no había llegado y que “llegaría
mañana”. El hecho es que lo que parecía sería
un día para dar una vuelta por Londres terminó con
una forzada salida de compras para poder tener un saco, una camisa
y una corbata para estar medianamente presentable para la reunión.
No
todo, sin embargo, parecía terminar allí. Al llegar
el martes a la reunión—donde en la entrada sí
tenían, afortunadamente, mi nombre—José Alberto
me dijo que habían cambiado el programa y que ya no iba
a tener un turno establecido para hablar, sino que—quizás—podría
hacer un comentario en un espacio de preguntas y respuestas. Yo,
la verdad, ya no estaba en ánimo de sorprenderme y le dije
que con estar allí era mucho más que suficiente.
Él—que llevaba casi cuatro días sin dormir
por la preparación del evento—decidió volver
a consultar con los organizadores y, rato después, me notificó
que el programa se había cambiado de nuevo y que tendría
un lugar para, como se me había dicho y solicitado, hablar
por tres minutos.
III.
La inauguración
El
evento se llevó a cabo en un antiguo edificio que, hace
ya varias décadas, contenía una cervecería
y la mesa de discusiones—una herradura para más de
50 personas al—se ubicó en lo que, seguramente, era
la nave mayor de la planta de proceso. Al frente, cerrando la
herradura, había, a la izquierda, una mesa para los moderadores
y, a la derecha, un podium. Al centro, una pantalla de mediano
tamaño.
El
primer discurso de la sesión inaugural—que tuvo como
tema “Los Retos del Siglo XXI”—fue de Gordon
Brown, Chancellor of the Exchequer que, en otras palabras más
claras para nosotros, es el ministro de hacienda inglés.
El Honorable Chancellor Brown leyó con mucho énfasis
y soltura un discurso que reflejaba la clara posición de
la Gran Bretaña sobre el tema del cambio climático.
“Si nuestras economías van a florecer, si la pobreza
global va a desaparecer, y si la calidad de vida de la población
del mundo va a ser mejorada—no solo esta generación
sino las que están por venir—debemos asegurarnos
de cuidar el medio ambiente natural y los recursos en los que
depende la actividad económica. Tenemos ahora mismo evidencia
de que el cambio climático es el reto de mayor alcance—y
casi ciertamente el más amenazador—de todos los retos
ambientales que enfrentamos hoy día.”
Este
discurso fue ampliamente difundido por la BBC de Londres, reflejando
un esfuerzo de comunicación del gobierno inglés
alrededor del tema de cambio climático. El discurso fue
también reportado por el New York Times, que resaltó
la consideración de que el cambio climático amenaza
a la economía mundial. Asimismo, el Ministro de Hacienda
inglés habló con mucha soltura de aspectos que otros
en su posición difícilmente manejarían, en
particular de la visión de la transición a un sector
energético orientado a satisfacer servicios energéticos,
no nada más a producir energía.
Un
aspecto curioso de la presencia de Gordon Brown fue el hecho que,
al día siguiente de que inaugurara la Mesa Redonda Ministerial—y
en un ambiente de mucha atención de los medios por su importancia
política a la luz de posibles elecciones en los meses por
venir—presentó a la Cámara de los Comunes
el presupuesto para el siguiente ciclo presupuestal.
A
continuación tomó la palabra el Ministro chino Liu
Jiang, responsable de la Comisión de Desarrollo Nacional
y Reformas de China. El ministro Chiang reiteró el apoyo
de su país a los esfuerzos internacionales para combatir
el cambio climático, anotó que su país promueve
las energías renovables, que tiene el propósito
de bajar su intensidad energética en un 2% por año
e hizo la primera referencia—de varias hechas por cuando
menos cinco países—a la energía nuclear: “
la energía nuclear es energía limpia”, anotó.
Algo más que dijo, y con lo que coincido plenamente, es
que “el problema no está la tecnología, sino
en la forma en la que es difundida e implementada”, esto
referido, obviamente, a la tecnología para el ahorro de
energía y aprovechamiento de energías renovables.
Como
tercer orador de la sesión inaugural, el Director Ejecutivo
de la Agencia Internacional de Energía, Claude Mandil,
planteó una prospectiva de los sistemas energéticos,
sus fuentes y los impactos ambientales de su aprovechamiento.
Planteó que la eficiencia energética ha tenido una
contribución muy importante en los últimos 25 años,
ya que sin las medidas que se han adoptado en el mundo el consumo
final de energía sería 49% superior al actual. Sin
embargo, refirió que las mejoras han perdido velocidad
y que es necesario renovar esfuerzos para seguir mejorando la
eficiencia energética de la economía mundial.
Para
terminar esta parte de la reunión habló Jaques E
Dubois, Chairman del Swiss Re America Holding Company, quien resaltó
los costos crecientes a las aseguradoras por los desastres naturales
relacionados a fenómenos climáticos y, por supuesto,
asociados al cambio climático global.
IV.
La participación oficial de México.
La
siguiente sesión tuvo como tema “Los motores de las
políticas nacionales e internacionales” y tuvo como
primer orador al Comisionado de Energía de la Comisión
Europea, y quien enfatizó muy particularmente la importancia
del ahorro de energía.
Vino,
entonces, el turno de México.
No
puedo negar que la participación del Secretario de Energía
de México, Fernando Elizondo Barragán, me decepcionó
y, es más, me disgustó. Me decepcionó porque
hace seis semanas, cuando inauguró el seminario de la Conae
con la Unión Europea sobre ahorro de energía y energías
renovables, su discurso, improvisado, fue coherente y visionario,
y yo esperaba aquí en Londres un “ancore” de
su parte. Por otro lado, me disgustó porque pudo haber
hecho lucir al país con una referencia clara y amplia sobre
el trabajo que se ha hecho en nuestro país y los resultados
que se han tenido en los temas de ahorro de energía en
los últimos 15 años, pero apenas hizo una referencia
tímida a algunas de las actividades.
Será
que—aunque venía acompañado de tres funcionarios
de la SENER—no estaba bien informado, o que estaba más
preocupado por las negociaciones con el SME para evitar la huelga
en Luz y Fuerza, o que ya se había dado por satisfecho
porque, junto con Corea del Sur, acababa de firmar una adhesión
a la iniciativa inglesa del REEP, o será que manejó
un bajo perfil con alguna intención poco obvia, pero el
hecho es que se guardó decirle a este foro mucho de lo
que México ha logrado en el campo de la eficiencia energética,
uno de los temas centrales de la reunión.
Para
empezar, no llevaba un discurso preparado de antemano—como
sí lo hicieron la gran mayoría de los que hablaron—y
solo improvisó en un aceptable inglés. Luego, sin
datos de la importancia de México como actor económico
y energético, anotó algunas excusas por las cuales
México no aprovecha las energías renovables. Para
continuar, habló de los problemas que se tienen para ampliar
la plataforma petrolera (que, la verdad, no venía al caso).
Finalmente, al hablar de lo que México ha hecho en ahorro
de energía, mencionó al Horario de Verano, refirió
a la existencia del FIDE y anotó la intención de
hacer algo en el sector residencial.
Por
alguna razón que desconozco—pero que puedo imaginar—el
Secretario de Energía no mencionó logros de México
que, en ese contexto, hubieran lucido mucho más que los
que refirió. Está el hecho—anotado en los
Balances de Energía que publica la mismísima SENER—que
México ha bajado la intensidad energética de su
economía en más de 20% en 15 años. A su vez,
los índices de emisiones de bióxido de carbono de
la actividad económica del país también van
a la baja desde hace varios años. Igualmente—y más
en una reunión donde se enfatizó la colaboración
internacional—no refirió al hecho de que, desde hace
dos años, los refrigeradores, motores eléctricos
y aires acondicionados que se venden en México tienen normas
de eficiencia energética homologadas con las de dos países
desarrollados (y miembros del G-8) como son Estados Unidos y Canadá,
aspecto que ninguna economía en desarrollo puede presumir.
Por
supuesto, no mencionó los millones de toneladas de CO2—ni
los gastos por cientos de millones de dólares—que
se evitan por la existencia de esas y otra docena de normas de
eficiencia energética en México. Tampoco refirió
al proyecto ILUMEX, uno de los primeros y de los más exitosos
proyectos apoyados por el Global Environmental Facility (presente
y participante en la reunión), ni al hecho de que México
ratificó tempranamente el Protocolo de Kyoto, ni que en
PEMEX se tiene un mercado interno de bonos de carbono que se inició
en la administración del Presidente Fox.
Yo,
la verdad, no puedo culpar al secretario Elizondo Barragán
de estas omisiones. El hecho es que estos no son asuntos que estén
en la parte alta de la agenda de los secretarios de energía
de México y que, además, les toma mucho tiempo—si
es que llega a ocurrir—para que los atiendan y medio entiendan.
Además, los colaboradores más cercanos también
se tardan en entender el asunto y a veces los omiten porque, simplemente,
no les conviene. Para complicar más el escenario, los secretarios
de energía difícilmente duran la mitad de un sexenio
y los cambios de ellos y sus subsecretarios son—ciertamente
demasiado—frecuentes. En fin, borrón y cuenta nueva
cada dos o tres años.
V.
Las otras participaciones del primer día.
Después
de la participación del Secretario Elizondo, hablaron ministros
de Sudáfrica, Francia y Polonia, y todos mencionaron a
la energía nuclear como elemento en la búsqueda
de un mundo menos intensivo en emisiones de carbono. Por su parte,
el ministro sudafricano mencionó las dificultades para
aprovechar el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) y la necesidad
de trabajar, más allá de las acciones de mitigación,
en el la adaptación al cambio climático.
Vino
entonces el turno para el representante ruso, quien enfatizó
la necesidad de mejorar la eficiencia en la producción
de energía y, en particular, en las plantas térmicas.
A su vez, un representantes del sector privado y una representante
del Fondo Mundial para la Vida Silvestre (WWF por sus siglas en
inglés), retomaron el tema de la eficiencia energética,
reconociendo la importancia de las normas obligatorias y el hecho
de que con la tecnología en el mercado se puede avanzar
para una mayor eficiencia energética. La representante
del WWF marcó, por primera vez, la necesidad de trabajar
en el tema de la biomasa y los biocombustibles.
Después
de un receso, habló el representante de los Estados Unidos—que,
por cierto, no tenía, siquiera, nivel de subsecretario—y
lo hizo sin mencionar al cambio climático, aunque si hizo
mucho énfasis en el papel de la tecnología y del
sector privado para reducir las emisiones de carbono. Lo siguió
el representante de Indonesia, quien, básicamente, pidió
ayuda no solo para recuperarse de los destrozos del Tsunami, sino
también para desarrollar los sistemas alternativos de energía
en su país. A continuación habló el representante
italiano, quien enfatizó la cooperación que tienen
en el contexto de la zona del Mar Mediterráneo para promover
las energías renovables y la eficiencia energética.
Después habló el representante de Alemania, quien
disculpó a su ministro—que tuvo problemas para poder
llegar—y enfatizó los grandes avances de su país
en el aprovechamiento de las energías renovables y retomó
el tema de la eficiencia térmica en plantas de generación
de electricidad.
VI.
Mi turno
A
mi me tocó hablar en el último lugar de la última
sesión del primer día. Habiendo pasado—buscando
la mayor discreción—la primera parte de la reunión
sentado entre los asientos puestos para el público, al
iniciar la última sesión la persona encargada de
coordinar a los traductores (y a quien le había dado los
archivos de mi presentación) me refirió que había
un lugar para en la mesa y hasta allí me llevó.
La
verdad es que estaba algo confundido. Por un lado, lo que había
escrito lo había hecho sin tener una clara idea del contexto
y del momento en el que me tocaría hablar. Ya para entonces
era claro que los temas eran muy variados y que a mí me
tocaba enfatizar el referente a la eficiencia energética,
cosa para la que ya estaba preparado. Por otro lado, sin embargo,
yo no traía más representación que la de
mí mismo y el programa que se había entregado no
traía mi currículo vitae y los coordinadores de
las sesiones no referían más que los nombres, puesto
y afiliación de las personas. Finalmente, la presentación
del Secretario Elizondo Barragán no era una buena plataforma
de referencia para que la gente supiera que yo operé siete
años y medio una de las organizaciones gubernamentales
más importantes en el mundo en desarrollo dedicadas al
ahorro de energía ni tampoco podía yo afectar la
imagen de mi país contradiciendo en público al responsable
de la política energética de México.
En
fin, lo único que me quedó hacer fue seguir con
el guión original que me había preparado para mí
mismo y solo referir, para dar una referencia a quien era o qué
significaba yo allí esa tarde, que lo que iba a decir era
“la perspectiva de alguien que ha trabajado en estos temas
por más de veinte años.” En cuanto a lo que
dije, mi intención principal fue marcar que la tecnología
es un elemento importante para el ahorro de energía, pero
no el único. Igualmente, marcar que el reto de quienes
son responsables de mejorar la eficiencia energética en
los países y las empresas es convertirla en una prioridad
sobre otras prioridades dominantes.
VII.
El segundo día
En
el segundo día las cosas no cambiaron mucho aunque lo interesante
fue la reiterada participación de los representantes de
Estados Unidos, en particular la de James L. Connaughton, responsable
en la Casa Blanca de los asuntos de calidad ambiental, quien co-coordinó
la sesión de la mañana. Una y otra vez los representantes
norteamericanos anotaron los trabajos de investigación
que se realizan en su país con la participación
del sector privado, resaltando, en particular, los trabajos alrededor
del hidrógeno, el cual fue un tema que tuvo considerable
atención en este segundo día.
Aquí,
ya sin hacerlo como una descripción cronológica
y abusar del ánimo de los lectores, me voy a permitir anotar
los puntos se fueron refiriendo a los largo del día y que
me parecieron los más importantes: