EL
FIN DE LA LÁMPARA INCANDESCENTE.
Por Odón de Buen
Alguna vez leí por allí que “un
foco incandescente es un calentador eléctrico que tiene como
subproducto la luz.” Esta característica de este dispositivo
simple y fundamental en el nacimiento y expansión de la industria
eléctrica es la que va a llevarlo a desaparecer, esto en
la lógica de los tiempos actuales en los que estamos obligados
a sacarle cada vez más a nuestros decrecientes recursos energéticos
no renovables para cubrir crecientes necesidades energéticas
y más aún por la importancia que tiene la iluminación
en el consumo de energía eléctrica en el mundo.
Inventada
por Thomas Alba Edison, la lámpara incandescente se empieza
a comercializar en 1880 y se convierte en pocos años en elemento
fundamental para la operación de las ciudades. Es precisamente
el desarrollo de este dispositivo que convierte electricidad en
luz lo que impulsa el desarrollo de la entonces incipiente industria
eléctrica y en la que Nueva York y París, poco después
de 1880, se conviertan en las primeras ciudades con plantas eléctricas—operadas
con máquinas de vapor—para alimentar circuitos de alumbrado
exterior.
Así,
gracias a la luz generada a partir de electricidad a través
de las lámparas incandescentes, el día deja de ser,
para crecientes porciones de la humanidad, el tiempo determinado
por la disponibilidad de la luz solar. Con esta lámpara la
noche deja de ser tiempo de descanso obligado y la actividad nocturna
en las ciudades adquiere nuevas dimensiones, transformándose
la convivencia social y económica y las costumbres en los
hogares. En este sentido es curioso ver cómo las generaciones
jóvenes actuales en los centros urbanos del planeta inician
sus actividades cerca de la medianoche como si hubiera sido siempre
así.
De
acuerdo a la Agencia Internacional de Energía (AIE) el 19%
de la generación de energía en el mundo tiene como
fin la iluminación y la sustitución de los sistemas
de iluminación por unos más eficientes permitiría
un ahorro del 10% del consumo eléctrico mundial. Si tomamos
el valor que refiere British Petroleum en su anuario estadístico
de 2005, esto representa cerca de 1,700 TeraWatts-hora, lo que es
igual a cerca de ocho veces la generación total de México
en el año 20041.
La
iluminación y el que esta se logre con focos incandescentes
tiene también impacto significativo en las emisiones de gases
de efecto de invernadero que resultan de la actividad humana y cuyas
crecientes concentraciones están dando lugar al cambio climático.
Tan solo por mantener cinco focos (o bombillas o ampolletas) de
60 Watts encendidos por diez horas al día todos los días
del año se puede estar consumiendo lo que dos refrigeradores
eficientes de 15 pies cúbicos y emitiendo (para un país
con un alto componente de combustibles fósiles en su parque
de generación eléctrica) cerca de una tonelada de
bióxido de carbono, principal gas de efecto de invernadero2.
Igualmente,
la inversión en la tecnología que sustituye a la iluminación
proveniente de un filamento incandescente resulta más económica
que la compra y operación de ésta última. De
acuerdo a cálculos del autor, el costo del kWh ahorrado por
el cambio de una lámpara incandescente a una fluorescente
compacta es más barato (aún para usuarios eléctricos
residenciales con alto nivel de subsidio como los de México)
que el kWh comprado a la empresa eléctrica, específicamente
para puntos donde se tiene la luz prendida por más de dos
horas por día. Esto se debe a que la lámpara fluorescente
compacta consume una cuarta parte de la energía que una incandescente
para dar el mismo nivel de iluminación y dura de seis a diez
veces más.
Es
precisamente la importancia de la iluminación eléctrica
en México que se hayan hecho programas muy exitosos como
el Horario de Verano e ILUMEX (y su continuación en el FIDE),
el primero para reducir el consumo por cambio de horario y el segundo
para la sustitución de lámparas. Estos programas han
llevado a que las lámparas fluorescente compactas ya dominen
los estantes de las secciones de iluminación de los supermercados.
Estos programas han servido también a que alguien como Fidel
Castro lo haya hecho causa del socialismo (sin duda con las evidencias
de su factibilidad técnica en México) y que Hugo Chávez
se haya ido de compras para imitar (con la compra de varias docenas
de millones de lámparas ahorradoras) a Fidel. Igualmente
y con más discreción (y no menos efectividad) este
tipo de programas se llevan o se han llevado a cabo en República
Dominicana, Costa Rica, Honduras y Nicaragua.
Sin
embargo, para muchos países ya los programas de sustitución
no son suficientes (o, quizá también, ya lograron
cambiar el mercado) y están considerando pasos más
drásticos. Así, en Australia, Canadá y la Unión
Europea se ha decidido sentenciar la salida del mercado de las lámparas
incandescentes hacia inicios de la década que sigue. Con
esto, el foco, la bombilla o la ampolleta incandescente (según
el lugar donde uno se encuentre en el mundo de habla hispana) se
convierta, como muchos otros productos del desarrollo tecnológico,
en pieza de colección.
Siguiendo
el inevitable avance de la tecnología, ya se aparece por
allí, a gran velocidad, la tecnología que sustituirá,
en unos años, a la de las lámparas fluorescentes compactas:
de los diodos emisores de luz (LEDs, por sus siglas en inglés).
De
acuerdo al sitio Wikipedia, un LED es un dispositivo semiconductor
(diodo) que emite luz policromática, es decir, con diferentes
longitudes de onda, cuando se polariza en corriente directa y es
atravesado por la corriente eléctrica cuyo color depende
del material semiconductor empleado en la construcción del
diodo, pudiendo variar desde el ultravioleta, pasando por el espectro
de luz visible, hasta el infrarrojo.
Los LED son todavía caros, aunque su precio baja aceleradamente.
De acuerdo a Carl Scianna, fundador de Polybrite, el costo unitario
de un diodo emisor de luz (LED) ha bajado de 8 a 1.5 dólares
en un año y seguirá bajando. Estos diodos, arreglados
en un número mayor, son los que componen una lámpara
LED.
Vamos,
pues, en los próximos cinco años, a presenciar un
acelerado cambio en la tecnología de la iluminación.
Habrá que ver, también, el efecto que este proceso
tenga sobre otras tecnologías usuarias de energía.
1
BP Statistical Review of World Energy June 2005
2 Un refrigerador eficiente de 20 pies cúblicos
vendido en Norteamérica consume cerca de 500 kWh por año.
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