Felipe
Calderón: ¿encore energético?
Por Odón de Buen R.
El
discurso del candidato a la Presidencia de la República
de México, Felipe Calderón, es, quizá,
el más realista y moderno de los que se escuchan
a los candidatos. Por un lado, reconoce la necesidad de
un mayor papel del sector privado en la industria. Por otro
lado, no propone reducir tarifas. Igualmente, en sus propuestas
incluye un mayor aprovechamiento de las energías
renovables. Sin duda, una visión más moderna
que las de los que ofrecen, sin decir cómo y sin
reconocer impactos económicos y ambientales, precios
más bajos a electricidad, gas y gasolinas (AMLO y
Madrazo).
Sin
embargo, lo que preocupa particularmente de Felipe Calderón
(aunque, en general, de todos los candidatos), es su partido,
los compromisos que ha hecho con sectores económicamente
poderosos y el equipo que ponga en el sector energético
(o al que le dejen poner), todo en el sentido de la capacidad
para hacer lo que propone.
Aquí
creo que vale la pena mencionar algo que siempre me había
sido evidente desde que el PAN llegó al poder y empezó
a actuar en sector energético (y que me tocó
vivir en lo personal) pero que hasta hace unas semanas no
había podido articular. Esto, debo anotarlo, lo terminé
de ubicar mientras platicaba—precisamente—en
Monterrey con unos colegas en una visita de tres días
que hice a aquellos rumbos.
El asunto
es simple: es mi impresión que el sector privado
(en particular el regiomontano, que ha dominado la Secretaría
de Energía excepto cuando estuvo Calderón
a cargo) creyó que, teniendo a esta secretaría
en sus manos, podría transformar al sector (o cuando
menos tener mayor control de sus variables). El hecho es
que la SENER de Vicente Fox ha fracasado en abrir espacios
al sector privado y, precisamente, los precios de los energéticos
que más preocupan al sector privado (electricidad
y gas natural) se han disparado hacia arriba.
Una
de las razones es que, en primer lugar y otra vez precisamente,
la SENER es uno de los eslabones más débiles
de la cadena del sector de la energía por su tamaño
y frecuente cambio de cuadros directivos.
Por
otro, las transformaciones del sector no son solo cuestión
de lo que puede tener u obtener en abundancia el sector
privado (que es el dinero) sino, también, de la capacidad
de profesionales con conocimiento del sector y de mucha—mucha—política,
en particular para poder negociar las transformaciones con
tres de los sindicatos más poderosos de México:
el petrolero, el de la CFE y el SME.
El problema
de esta administración ha sido más bien de
oficio político e institucional. Lo político
se ubica en la capacidad de manejar el juego de fuerzas
entre la necesidad de la sociedad y la economía mexicana
de cambios en el sector y los privilegios de quienes comprenden
el status quo energético. Quizá en esto tenga
que ver que a los empresarios que han venido a dominar a
la SENER en esta administración les ha faltado un
sentido claro de Estado, lo cual era algo que, cuando menos
para el manejo político, era bien entendido, cuidado
y aprovechado por la clase política priísta
que dominó el gobierno federal por más de
dos tercios de siglo.
Esta
falta de un sentido claro de Estado les ha quitado, por
un lado, claridad para definir estrategias de juego político
y, por otro, los ha ubicado como opuestos a una versión
de nacionalismo que, siendo arcaico y poco práctico,
está muy arraigado entre nosotros los mexicanos.
Así, el discurso y el enfoque con el que enfrentan
los aprendices de funcionarios públicos que vienen
del sector privado a esos intereses vestidos (por no decir
disfrazados) de nacionalismo, pierde en todos terrenos y,
como resultado, no ha habido reformas.
Un ejemplo
de esto es que la administración panista no ha podido
ni siquiera darle más fuerza a la Comisión
Reguladora de Energía (CRE) que, en muy buena medida,
es el elemento clave del Estado Mexicano para sostener y
operar la transición energética y, por lo
mismo, debería ser mucho más fuerte.
A esta
condición se suma la debilidad institucional de la
Secretaría de Energía, la cual se ha incrementado
significativamente desde que la dejó Luis Téllez
quien, en mi modesta opinión, ha sido el único
que entendió y operó—quizá con
demasiada prisa—el papel que le corresponde a la Secretaría
de Energía en la transición energética.
Precisamente
aquí es donde regreso con Felipe Calderón,
quien, al salir Ernesto Martens y al mejor estilo priísta
tradicional, desmanteló al equipo que operaba la
SENER y metió a un equipo predominantemente político
(aún y cuando se puede decir a su favor que uno de
los políticos había sido Presidente de la
Comisión de Energía de la Cámara de
Diputados). Por supuesto que no quiero decir que el equipo
que estaba allí con Ernesto Martens era el mejor
equipo del mundo—ya tenía serios síntomas
de disfuncionalidad—pero era un equipo que ya tenía
en sus manos hilos importantes del sector. Esto, junto con
el poco tiempo que estuvo el ahora candidato presidencial
del PAN en el cargo, llevaron a que, prácticamente,
su paso por el sector—más allá de tres
o cuatro funcionarios de medio nivel que él llevó
al sector y que por allí andan agazapados en espera
de que su ex-jefe sea presidente—solo se recuerde
porque el Balance Nacional de Energía de 2003 lo
tenga de titular de la SENER en los créditos de la
contraportada.
Con
esos antecedentes propios, de su partido y de quienes lo
apoyan y aún con programas bien intencionados, los
propósitos de Felipe Calderón en su programa
de gobierno—más aún los que se refieren
a lo que más nos interesa, como es un mayor aprovechamiento
de las energías renovables—se van a quedar
en buenas intenciones.
Sin
embargo, solo queda tener la esperanza de que si Calderón
es el próximo Presidente, le dé a la SENER
y la CRE la importancia que les corresponde y le dé
el apoyo y la fortaleza que requieren para que nuestro país
pase de ser un país con monopolios estatales altamente
centralizados, con enorme dependencia en los hidrocarburos
y dominados por poderosos sindicatos, a un país que
no desperdicie sus recursos (ya sea quemándolos sin
que se aprovechen o no aprovechando los recursos renovables)
y que permita que la gente y las empresas resuelvan sus
necesidades energéticas con la amplísima variedad
de alternativas que hoy ya permite la tecnología.