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-OPINIÓN-

Cambio Climático Global, conciencia necesaria para tener un futuro.
Entrevista de Martha Aranda con el Dr. Edmundo De Alba.
(Parte III de IV)
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En esta tercera parte de la entrevista que el Dr. Edmundo de Alba concedió a Transición Energética, nos cuenta cuáles fueron los acuerdos internacionales que finalmente dieron pie a la firma de la Convención de Cambio Climático en la Cumbre de Río en 1992, y posteriormente el Protocolo de Kioto. También, cuáles han sido las acciones del gobierno mexicano para enfrentar el problema así como los compromiso que aún faltan por concretarse. La posición de diferentes países y de qué manera afecta el incumplimiento de metas globales tan importantes como la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

¿Se logró algún avance en las negociaciones con los países petroleros que se oponían a la firma de los acuerdos?

A la OPEP no le convenía para nada la Convención , se iba directamente en contra de la disminución del uso de combustibles fósiles. Entonces un sumamente hábil embajador de Arabia Saudita que encabezaba ponía obstáculo tras obstáculo. De hecho, a los presidentes no nos dejaron hacer un intento de texto, era acumulación y acumulación de países o de grupos, el Grupo de los 77, la Unión Europea y un nuevo grupo que fue muy importante: el de las islas pequeñas en desarrollo, porque ciertamente son las más amenazadas.

Hay islas en donde un incremento muy grande en el nivel del mar tendría un efecto terrible. Si la tierra se calienta, el océano se calienta junto con el planeta y el agua se expande. Entonces estas islas tenían amenazada la existencia misma. Particularmente aquellas cuyas alturas medias son muy pequeñas, porque una ola muy grande o un incremento en el nivel puede causar catástrofes tremendas.

Ese grupo estaba presidido por el embajador de Vanuatu, que estaba luchando para tomar las medidas más urgentes. La OPEP todo lo contrario. Y ambos grupos pertenecientes al Grupo de los 77. Era una situación muy complicada, tanto por los distintos grupos de interés, como por las diferencias de intereses al interior de los grupos.

Los Estados Unidos tenían una posición escéptica pero no negativa. Escéptica porque lo que hicieron fue antes que nada decir que necesitaban mayor evidencia científica. Era la época del padre de Bush, entonces se hizo el intento de crear institutos hemisféricos para el cambio global. No tuvieron éxito salvo en América, donde se formó el Instituto Interamericano de Cambio Global, con sede en Brasil, en la ciudad de Sao Paulo; patrocinado esencialmente por la Academia de Ciencias de los Estados Unidos. Lo que impulsaba era la tesis: “tomemos medidas sí, pero de las llamadas de no arrepentimiento”. Cosas que debemos de hacer, que benefician al clima, pero que al mismo tiempo tienen otros beneficios, que no son un gasto sino una inversión.

¿Cuál fue la posición que tomó México?

La posición mexicana era relativamente sencilla porque durante toda la negociación como parte del Grupo de los 77, y aún no miembros de la OCDE, lo más que teníamos de compromiso eran cosas que queríamos hacer independientemente de convenciones. Medidas como ahorro de energía, combate a la deforestación, impulso a la reforestación; medidas como estudiar más el fenómeno, en lo que empezábamos a participar a través de nuestros grupos científicos, en aquella época pocos interesados en dedicarnos al cambio climático.

La situación era muy sencilla, era una cuestión intersecretarial. Como jefe de la delegación mexicana yo invitaba a las reuniones preparatorias para fijar la posición de México ante las reuniones internacionales a PEMEX, a CFE, a la Secretaría de Energía, a la Secretaría de Agricultura y Recursos Forestales, en aquella época; obviamente todo esto se hacía en la más estrecha colaboración de la Secretaría de Relaciones Exteriores, como responsable de los asuntos internacionales. A pesar de que no era un grupo formal, sí era un grupo que tenía una buena representación de los intereses nacionales.

No era muy presionante para México, claro que sí había algunas presiones, pero nunca se nos puso como condición para el ingreso a la OCDE el que aceptáramos obligaciones en la Convención de Cambio Climático. Había presiones, nos insistían, pero nada fuera de lo promedio. Y de hecho para el ingreso a la OCDE sólo hubo dos condiciones que eran: una, totalmente aceptable para México, es que fuéramos completamente una economía de mercado, y particularmente en el sexenio de Salinas estábamos abriéndonos al mundo, firmando tratados de libre comercio con Norteamérica, con Chile, con una importante cantidad de ellos; y la otra con cierta discusión pero también aceptable, fue que abandonáramos el Grupo de los 77, ya no podíamos estar con los pies de un lado y del otro.
Teníamos que decidirnos o íbamos a ser parte del grupo de la OCDE o queríamos seguir siendo del dividido, pero no fracturado, Grupo de los 77. Lo cual obviamente nos causó ciertas complicaciones en el Grupo de los 77.

¿Cuáles fueron los acuerdos a los que llegaron los grupos de países,?

Los principios más importantes que se negociaron fue que era una responsabilidad común pero diferenciada, o sea había más culpables que otros. Y eso era la base para separar los compromisos que se adquirían. De hecho el nuevo grupo, el de los países de transición, adquirieron esencialmente los mismos compromisos que los países industrializados pero con flexibilidad en cuanto a las acciones, tiempos, intensidades, etcétera. Que de alguna manera se refleja en la situación actual.

Durante toda la negociación se puso en el mundo el tema del cambio climático, se empezó a invertir mucho más en investigación. Los grupos no dejaron de tener diferencias, pero el resultado neto es que sí hubo un boom en cuanto a la investigación del fenómeno. Pero no podíamos en aquella época decir con plena seguridad que era la actividad humana la causante del fenómeno.

Estas discusiones que usted mencionó de que si no era una oscilación natural con el tiempo se fueron desvaneciendo. Si se toma un millón de años y se ven las oscilaciones, el incremento de los gases invernadero en la atmósfera y en la temperatura no tiene precedentes. Además, si ya nos vamos a la situación actual, hay plena conciencia de que entre las variaciones naturales no se explica lo que está pasando ahorita. Consecuentemente cada vez hay mayor evidencia del impacto de la actividad humana en el fenómeno.

De cualquier forma en aquella época todavía no se tenía ese nivel de certidumbre para inculpar a la actividad humana en general, pero sí se reconocía a la actividad humana. Entonces lo que hizo la Convención en su objetivo fue precisamente algo en lo que todos estuvimos de acuerdo: decir que teníamos que prevenir que la concentración de los gases invernadero en la atmósfera realmente fuera un efecto muy perturbador contra los sistemas ecológicos y los sistemas humanos, particularmente la alimentación.

Y eso es lo que dice el objetivo de la Convención: los principios de responsabilidad común pero diferenciada; el precautorio, de que aunque no tengamos una evidencia plena el peligro es tan grande que hay que actuar; el de equidad, donde cada quien tiene que participar en la cooperación internacional de acuerdo a sus circunstancias. Entre los compromisos de todos los países fue hacer mediciones, sacar los inventarios, formular programas propios, no obligatorios en el caso de los países en desarrollo, para evitar que el proceso continúe.

Los países desarrollados aceptaron algo así como que para el año 2000, que se estaba llevando adelante en el 91 y principios del 92, este grupo de países tenía que lograr que sus emisiones no pasaran las de 1990. De alguna manera frenar el incremento que se estaba dando desde hace 2 siglos. Claro que esto no era del todo equitativo para todos los tan diferentes países que hay en el Anexo 1, desde las pequeñas repúblicas socialistas hasta Estados Unidos, las diferencias son verdaderamente notables. Y su trayectoria histórica, Inglaterra fue la primera en participar en la revolución industrial y estuvo emitiendo gases de efecto invernadero con anterioridad a casi todos los países del mundo. En cambio los países recién industrializados tenían poco de haberlo hecho.

Además muchos países ya habían arrancado sistemas propios para acabar con las emisiones, notablemente los países del norte, que ya habían establecido esquemas internos para las emisiones y estaban haciendo considerables esfuerzos. Aceptar el esfuerzo que estaba ahí les iba a salir mucho más caro que a los otros que no habían empezado, porque obviamente ellos empezaron por lo menos costoso, estaban en una situación inicial en la que ya el costo era más alto que el de otros países. Fue cuando se incorporó, de forma un poco diluida, lo que es la implementación conjunta. O sea la posible colaboración entre países para cumplir los compromisos.

Noruega, que fue la que encabezó ese mecanismo, de inmediato puso en operación dos proyectos: uno con Polonia y otro con México. El primer proyecto como tal en el que participó México en esta materia, que de todas maneras había concebido por cuenta propia la CFE. Ya había negociado un crédito con el Banco Mundial para que se pudiera poner a la venta pública focos fluorescentes.

A la CFE le interesaba de por sí este proyecto, independientemente del cambio climático, porque dados los tremendos subsidios, sobre todo en el sector domiciliario, era menos costoso para el país subsidiar un foco que gastaba menos, a subsidiar la electricidad de un foco que gastaba mucho más. Se montó sobre el proyecto mexicano el de Noruega y la única condición que puso es que quería participar en la documentación del proyecto. Eran 10 millones de CFE, 10 millones del BM y como 12 y medio millones de Noruega.

Se hizo un estudio a profundidad de cómo se podía actuar en térmicos de proyectos para el abatimiento de las emisiones de gases de efecto invernadero en países, uno en desarrollo y otro en transición. Eso nos costó muchísimo porque todo el Grupo de los 77 estaba reventando en contra de eso, porque ellos decían que no, que cada país tenía que hacer su esfuerzo internamente, porque si no íbamos a dividir el mundo entre los que tenían derecho a ensuciar y los que nos íbamos a encargar de limpiar, de salvar la tierra. Ningún sentido de cooperación internacional, aunque los proyectos fueran en beneficio propio.

Se metieron los mecanismos que incorporan los esquemas de control, de credibilidad, de aseguramiento de calidad en los informes, particularmente en los informes de los países industrializados, para que nadie hiciera trampa y pusiera su 1990 muy alto. Todo el esquema de cómo se iba a comportar.

Terminamos la negociación poco antes de la Cumbre de Río. Y la Convención sobre Cambio Climático se aprobó en Naciones Unidas dentro de este grupo intergubernamental por aclamación, que cayó a los disidentes. Me acuerdo de algunos miembros del Grupo de los 77, en particular Arabia Saudita, levantando la mano para que no se aprobara, pero fueron 5 minutos de aplauso hasta que se declaró actuar y así la llegamos a firmar, México fue uno de los primeros en firmar.

A partir de la firma de la Convención todo mundo dijo esto es totalmente insuficiente, y empezaron frases como “está muy bien pero no tiene dientes”, porque eso de haber firmado que para el 2000 y estamos en 1990, es nada más asegurar un poquito menos de lo mismo, porque a eso no estábamos obligados los países en desarrollo, con una participación creciente en el problema, como se ha demostrado ahora, particularmente en China. Entonces no logramos hacer mucho. Ciertamente fue lo mejor que se logró, el inicio de todo esto en aquella época, pero inmediatamente que entró en vigor la Convención, después de que se cumplió el número de firmas que requería, en 1994 la primera reunión de la Conferencia de las Partes, que es el órgano máximo de la Convención, se declaró ampliamente esa insatisfacción y se inició el proceso para tener condiciones bastante más precisas hacia el futuro. No era suficiente el estar - de parte de algunos países, no de todos- al mismo nivel del 90, que ya era un problema, sino que tenía que abatirse. Y se inició la negociación del Protocolo de Kioto.

En el protocolo de Kioto, con lo que muchos consideran verdaderamente una suerte, se pusieron de acuerdo los países industrializados a abatir en conjunto 5.6% de las emisiones, que representaban del orden del 60% de las emisiones globales. Pero cómo reclutar a los países en desarrollo, de nuevo la tesis era de que la prioridad número uno es el desarrollo para estos países, se inventaron los mecanismos de flexibilidad, en particular el mecanismo de desarrollo limpio, en donde el país en desarrollo participa no porque tenga obligaciones de abatir, sino para recibir apoyo de un país desarrollado para hacer un proyecto de desarrollo, no de abatimiento, que al mismo tiempo tenga consecuencias favorables sobre las emisiones de gases.

Se aceptó el mecanismo de implementación conjunta pero sólo dentro de países del Anexo 1, y se añadió un tercer mecanismo internacional que es el Mercado Internacional de Carbono: esencialmente si un país puede hacer más de lo que se le pide, entonces su exceso lo puede vender a países que no pueden hacer tanto como se les pidió, que les resulta más barato comprar esos carbones y de todos modos cumplir. Eso ha sido causa de gran discusión porque siguen las presiones para que cada país se encargue de lo suyo. Pero aquí es un poco más racional económicamente en beneficio del ambiente global, que se supone que es a lo que se dedica la Convención, no a castigar países sino a mejorar el ambiente global. Se aceptó.

El 5.6% de abatimiento, será logrado en el primer periodo de compromiso, que es entre el año 2008 y el 2012. Es decir, hasta terminar el 2012 el conjunto de países del Anexo 1 habrán abatido esta cantidad, con unas diferencias mortales, porque hay muchos países que sin pestañear pueden estar en el porcentaje que les corresponde, porque no se aplicó el 5.6% parejo. La Unión Europea, si mal no me acuerdo, tiene que abatir el 7%, mientras que hay países que tiene permitido emitir más, como es el caso de Australia.

Después del 90, a la caída del sistema socialista vino la debacle económica en esos países y junto con ello la disminución de emisiones, y como la referencia sigue siendo 1990 en donde eran emisores tremendos - el descuido del sistema socialista en general sobre el medio ambiente es famoso-. Pues resulta que ellos de cualquier forma van a tener que vender sin hacer nada. A eso se le llama el aire caliente. Rusia, Ucrania y algunos otros van a tener mucho que vender en el mercado internacional de carbón sin hacer nada.

Yo considero que fue realmente un producto muy importante el haber logrado ese acuerdo de Kioto, a pesar de las discrepancias. No hay por detrás estudios que fijen cuantitativamente cuán justo es que tú abatas tanto, de hecho a penas se están empezando a crear ese tipo de metodologías para asignar esto equitativamente. Y es muy difícil cuando habemos muchos países que equitativa o inequitativamente no tenemos ninguna obligación.

La OCDE presionó a México y México aceptó hacer un esfuerzo no para abatir sus emisiones globales, sino para que no siguieran creciendo al mismo ritmo. Y algo hemos hecho, abatir en el sentido de buscar una economía que no requiera tantas emisiones de gases de efecto invernadero para seguir creciendo. Porque al mismo tiempo, lo que defendió México, que no sea obstáculo para el crecimiento.

El gobierno americano durante Kioto era el gobierno de Clinton y el que estuvo detrás de que realmente Kioto existiera fue su Vicepresidente, Al Gore, que siempre estuvo muy interesado en el problema del cambio climático. Pero obviamente cae Clinton, entra Bush, no quiere ratificar el Protocolo y no lo han ratificado los Estados Unidos.

Otro de los países que aunque se le autorizó incrementar en el periodo de cumplimiento, no disminuir, pero que tampoco quiso firmar, fue Australia. La suma de Estados Unidos más Australia ya hace que el 5.6% de los países desarrollados no sea alcanzable. Porque Estados Unidos representa más del 40% de las emisiones de los países desarrollados. Por lo tanto ya por lo menos ese 40% no se va a cubrir.

Si ya era totalmente insuficiente, ahora con esa negativa lo es aún más. Y los que sí están cumpliendo, para ellos tiene un costo, para sus empresas tiene un costo, tiene un costo para su competitividad internacional porque están, en algunos casos, incrementando costos; en otras han implementado medidas de ganar ganar, en donde ganan económicamente y en no-emisión, pero eso no es generalizado. Sí hay una enorme discusión sobre la inequidad del sistema actual. Esa inequidad, y también con mayor o menor ansiedad en Europa o en Japón, es la que está impulsando la acción y la presión internacional. Pero México no tiene esa presión.

[continúa]


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Transición Energética
 Actualizado el martes, 1 de agosto de 2006