De
manera discreta pero persistente y progresiva, la Comisión
de Cooperación Ambiental de Norteamérica (CCA)
ha venido apoyando los esfuerzos que hacen diversos grupos
e instituciones en México, desde una perspectiva
ambiental, para que en el país aproveche su enorme
potencial de energía renovable.
La
CCA es una organización que nace de la iniciativa
de grupos ambientalistas en los tres países del Tratado
de Libre Comercio (TLC) a partir de la preocupación
de que, como resultado de la apertura comercial en la región,
México se convirtiese en el basurero ambiental de
los vecinos del norte. Afortunadamente, este fenómeno
no ha sido motivo para las principales acciones de la CCA
sino, más bien, la Comisión se ha convertido
en un espacio que beneficia de manera particular a México
ya que, en una condición de iguales, hemos podido
ir aprendiendo e igualando prácticas asociadas a
la protección ambiental. Una de las principales actividades
de protección ambiental es, precisamente, el aprovechamiento
en grandes escalas de las energías renovables.
Cabe
referir también que la Comisión está
integrada por los ministros de ambiente de los tres países,
es presidida rotativamente por uno de los tres ministros
y es administrada por un director designado, también
de manera rotativa, por cada país (con la aprobación
más bien protocolaria los otros dos).
Entre
las actividades de la CCA en energías renovables
en México, que parten de un mandato claramente basado
en el significativo impacto ambiental que en la región
tiene la generación de electricidad (basada principalmente
en carbón en Estados Unidos y en petróleo
en México), tuvieron en México su primer gran
paso al financiar una encuesta—realizada por Gallup
México—con los 100 más grandes usuarios
de energía eléctrica del país en cuanto
a su perspectiva sobre la “energía verde”
(electricidad generada a partir de energías renovables)
y sobre la posibilidad de que en México se estableciera—como
existe en otras partes de Norteamérica—un mercado
de energía renovable sin subsidios y basado en el
interés de grandes empresas de “pintarse de
verde” (es decir, que tengan reconocimiento por usar
electricidad con mínimo impacto ambiental).
Esta
encuesta—que fue hecha a solicitud de la Comisión
Nacional para el Ahorro de Energía (Conae) y que
tuvo el apoyo de la Comisión Federal de Electricidad
(quien dio los datos de los cien usuarios más grandes)—tuvo
resultados muy interesantes de los cuales resalta que más
de la mitad de los encuestados manifestaron estar dispuestos
a pagar hasta un 10% más por la electricidad comprada
a la red si esta era comprobadamente originada en energías
renovables (viento, solar, biomasa y/o hidráulica
menor).
Los
resultados de la encuesta fueron presentados públicamente
en un evento poco afortunado en la Secretaría de
Energía (SENER) ya que el subsecretario que la presentó
ignoró el significado de los resultados y se refirió
a las energías renovables como algo más bien
útil para pequeñas instalaciones de electrificación
rural. Sin embargo la encuesta sirvió para que la
Conae siguiera empujando una propuesta que trabajaba a través
de su Consejo para el Fomento de las Energías Renovables
(Cofer) y que un par de años más tarde fue
finalmente asumida parcialmente por la SENER y se convirtió
en una solicitud de apoyo al Global Environmental Facility
que ha llevado a la fallida propuesta de ley de fomento
de energías renovables.
Más
recientemente, recuperando el tema del mercado de la energía
verde, la CCA ha realizado un estudio del estado de este
mercado en México, Canadá y Estados Unidos.
Igualmente, está apoyando esfuerzos conjuntos en
la región para integrar información geográfica
sobre los recursos de energías renovables, además
de difundir las mejores prácticas para este tipo
de evaluaciones.
También
recientemente (tan recientemente como la semana pasada),
en el contexto de su reunión anual en Washington
DC, se llevó a cabo una reunión donde los
comités ciudadanos de los tres países analizaron
el tema de las energías renovables e integraron propuestas
para los ministros de medio ambiente de los tres países.
Aquí cabe resaltar el papel que ha tenido un miembro
prominente de la comunidad solar de México, el Dr.
Eduardo Rincón, quien es miembro del comité
ciudadano de México y que, como ex-presidente de
la Asociación Nacional de Energía Solar y
reconocido experto en estos temas, fue facilitador en el
proceso del taller.
Esto
ocurre, cabe decirlo, en una coyuntura de cambios en la
CCA y en México. En la CCA porque, precisamente,
se está por definir al nuevo director, el cual tiene
que ser de México. En México porque se inicia
la transición a un nuevo gobierno. Ojalá y
estas situaciones no pongan en riesgo las iniciativas de
la CCA, las cuales—cuando menos en el campo de las
energías renovables—tienen un balance positivo.