Si
el mundo es de colores, ¿por qué verlo en
blanco y negro?
Por Odón de Buen.
“Cuando
se dice que una cuestión es política, o que
son políticos un ministro o un funcionario, o bien
que una decisión ha sido ´políticamente´
condicionada, lo que se quiere siempre decir es que la respuesta
a esa cuestión, o la determinación de la esfera
de actividad de aquel funcionario, o de las condiciones
de esta decisión, dependen directamente de los intereses
existentes sobre la distribución, la conservación
o la transferencia del poder”
Max
Weber en “El Político y el Científico”
Como
si fuera la preparación para una gresca fenomenal
(y que, quizá, lamentablemente lo sea) los actores
políticos de México se van alineando sobre
lo que parece ser el tema central de la reforma energética
que intentará el Estado Mexicano en las semanas y
meses por venir: la apertura de un papel al sector privado
en la exploración petrolera más allá
de un vendedor o arrendador de tecnología.
Así,
quienes no consideran adecuada esa participación
privada, lidereados (quiéranlo o no) por Andrés
Manuel López Obrador y con el apoyo de los privilegiados
sindicatos de la industria energética paraestatal,
compran ya sus banderas tricolores y sus imágenes
de Lázaro Cárdenas, Emilano Zapata, Benito
Juárez y el Che Guevara (además de una que
otra del propio AMLO) para, en las calles, evitar lo que
consideran la entrega del país.
Por
su parte, poniendo a hombres de su absoluta confianza en
posiciones y puestos clave para la negociación política
(y con conocimiento del sector por su paso por el Congreso
y la Secretaría de Energía) y vistiéndolos
(para darles toda la fuerza posible) como candidatos a una
muy lejana candidatura a la presidencia de México,
el presidente Felipe Calderón busca operar entre
las élites del país el apoyo para que, ya
sea por cambio de leyes o por reforma constitucional, se
logre una fórmula para lograr la entrada de capitales
de riesgo a la tan necesitada ampliación de las reservas
petroleras de México.
A
su vez, en el Congreso, los representantes del Partido Revolucionario
Institucional, quienes en esta coyuntura son los inevitables
fieles de la balanza, ponderan y buscan negociar una fórmula
política que, más allá de lo que es
urgente y necesario, les permita recuperar el poder perdido.
Así,
preparados a una guerra de opiniones más cargadas
de ideología que de técnica, los principales
actores políticos del país van camino a perderse
en una argumentación concentrada en un solo tema
(la participación del sector privado en la exploración
petrolera) y en donde quienes apoyan la idea de abrir nuevos
espacios a la inversión privada en áreas consideradas
estratégicas en la cadena de valor petrolera (como
ocurre en Cuba y en Noruega) se enfrentarán a quienes
consideran este paso el inicio de una entrega de los preciados
recursos energéticos nacionales a los oscuros intereses
de unos cuantos individuos inmensamente ricos que ni siquiera
viven en México.
Sin
poder predecir quien ganará (porque, por un lado,
el gobierno se ha cuidado mucho de hacer bien sus amarres
con el PRI y, por el otro, a AMLO le están dando
una bandera a la medida de su retórica), lo que si
puedo predecir es que esta discusión se concentrará
en que si la inversión privada es buena o mala y
no habrá lugar para otros asuntos fundamentales para
una verdadera reforma energética.
De
este modo, en un contexto donde los grandes medios de comunicación
estarán más que entusiasmados en tener la
nota de las épicas batallas retóricas y del
recuento de sus bajas (además de tomar partido por
alguna de las dos, al parecer, irreconcilables posiciones),
nadie va a hacer caso a quienes les interese argumentar
públicamente sobre temas que son igualmente importantes.
Por
esta lamentablemente circunstancia, difícilmente
habrá espacio para quienes quieran recordar, con
las más sólidas argumentaciones, que hay grandes
oportunidades en los temas de las energías renovables
(solar, bioenergía, eólica) y que estas requieren
de un reforzamiento de la política pública
para aprovecharlas cabalmente; tampoco lo habrá para
quienes digan que una forma de quitarle presiones a PEMEX
es evitando la invasión de autos de segunda mano
y promoviendo el transporte público en las ciudades;
y/o mucho menos aún para los que digan que de los
subsidios a la electricidad y de la gasolina (con todo y
el tan mentado “gasolinazo”) son subsidios al
desperdicio que podrían convertirse en inversiones
en eficiencia.
Además,
dado que será doloroso para todos, cuando se asiente
el polvo de las batallas ideológicas no habrá
político alguno que se vaya a atrever a tocar el
tema energético, por lo que esos temas y discusiones
que no formen parte de esta discusión no tendrán
ni espacio ni eco por varios años.
Es
decir, en pocas palabras, que tengo el gran temor de que
un proceso que debe llevar hacia soluciones de vanguardia,
de fondo y de largo plazo de nuestras necesidades energéticas
se convierta en un mero juego político que atienda
(si es que se logra) un aspecto parcial y limitado de las
necesidades energéticas de México, posponiendo
otros aspectos igualmente importantes.
Ojalá
que esté equivocado (digo, no será ni la primera
ni la última vez…).
Si
quieres opinar sobre este documento, mándale un correo
al editor: demofilo@prodigy.net.mx