60 2 de mayo de 2005

-OPINIÓN-
PARA QUE NO SE OLVIDE: EL PAPEL DE LA CONAE Y EL COFER EN EL DESARROLLO DE POLÍTICA PÚBLICA PARA ENERGÍAS RENOVABLES EN MÉXICO (1996-2003)
Por Odón de Buen R.

Hay algunos buenos amigos y colegas que se preguntan porqué he tomado de manera tan personal el proceso de la iniciativa de ley de fomento de energías renovables que anda en estos días paseándose por recintos legislativos mexicanos.

Por supuesto, está el hecho de que, como muchos otros (y en particular los queridos colegas de Asociación Nacional de Energía Solar) he dedicado parte de mi vida productiva a labores orientadas a que las energías renovables se aprovechen cabalmente en México. Desde aquellos ya lejanos años de finales de los setentas en los que el Dr. Gustavo Best me orientó y me dirigió—para que me dirigiera la tesis de licenciatura—con un excelente maestro, el Dr. José Luis Fernández Zayas, no he dejado de estar, de una manera u otra, a una lucha compartida con muchas otras voluntades y entusiasmos.

Sin embargo, no fue sino hasta octubre de 1996, en Xalapa, Veracruz y siendo presidente de ANES Enrique Caldera y yo Director General de la CONAE, que me empecé a interesar en la política de fomento, más allá del desarrollo de conocimiento y tecnología. Fue precisamente allí donde pedí a la comunidad de ANES que me ayudara a definir qué hacer para apoyar sus esfuerzos, como autoridad federal, para llevar adelante a las energías renovables. Fue allí donde establecí un compromiso que duró los siguientes seis años que tuve a mi cargo la CONAE.

Unas semanas después, las comunidades de ANES y de la CONAE se reunieron en un concurrido y entusiasta seminario en el Museo Tecnológico de la CFE que tuvo como principal conclusión la creación, sugerida visionariamente por el Dr. Fernández Zayas, de un consejo consultivo sobre el tema que funcionase permanentemente. Cuatro meses después, y ya entrados en 1997, nace—como una alianza estratégica entre el gobierno y la sociedad civil—el Consejo Consultivo para el Fomento de Energías Renovables (COFER), operado de manera consensuada entre la CONAE y ANES.

No podemos decir que con el COFER se haya logrado poder romper siquiera una de las barreras mayores que se han puesto y que tienen por delante las energías renovables en México para ser aprovechadas en México, pero sí podemos decir—cuando menos en los años en los que me tocó trabajar con la comunidad que se fue construyendo alrededor del COFER—que fue un foro muy útil y una clara oportunidad para que los actores principales y los nuevos actores de este tema—principalmente del sector privado y de gobiernos estatales—se conocieran e intercambiaran información y discutieran iniciativas de política pública.

Fue en el contexto del COFER, precisamente, que fuimos trabajando una discusión informada y de alto nivel sobre políticas para el fomento de las energías renovables, en particular las que se pueden aprovechar para generar electricidad. Sobre ese tema, se puede decir que el COFER y la CONAE, a lo largo de cinco años, prepararon las bases de lo que hoy es la iniciativa que se maneja en el Congreso de la Unión.

De los recuerdos personales de este proceso, nunca se me va a olvidar la expresión nerviosa del Ing. Gustavo Domínguez—queridísimo colega que conocí en la CFE, que llevé a la CONAE, que murió hace poco más de dos años y que en esos días se estrenaba como coordinador en la CONAE—cuando, allá en el Camino Real de Saltillo en 1997, le tocó moderar a tres grandes personajes en la mejor sesión de la primera reunión que la CONAE organizó para discutir alternativas para establecer políticas de aprovechamiento cabal de las energías renovables para la generación de energía eléctrica en México. Fue en esa sesión donde el entonces Presidente de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados, Sergio Benito Osorio, intercambió opiniones con el Dr. Raúl Monteforte—entonces (y ahora) Comisionado de la Comisión Reguladora de Energía (CRE)—y el Dr. Luis Cerda, Director General de Política Energética de la SENER y pieza clave en el equipo del mejor subsecretario que ha estado en esa secretaría, el Dr. Jorge Chávez Presa. Don Gustavo salió bien librado y la reunión demostró que había camino que recorrer hacia la definición de política.

A principios del año siguiente, en 1998, sale a la luz la propuesta de Reforma Eléctrica del Presidente Zedillo y es mi entonces jefe, el Secretario Luis Téllez, quien la tiene que pelear y defender. Por razones obvias, el tema de las renovables tiene que guardar, en primera instancia, en bajo perfil. Sin embargo, en los primeros meses de ese año se llevan a cabo una serie de intercambios de opinión por escrito con expertos, principalmente de Estados Unidos, que analizaron la propuesta del Presidente Zedillo. Aquí debo recordar la participación de Jan Hamrin, especialista internacional en el tema quien trabajó ese documento y que siempre ha participado en las reuniones internacionales de la CONAE alrededor del tema de las energías renovables.

Precisamente, una de las conclusiones más importantes de las opiniones, basadas en experiencias de otros países donde se habían llevado adelante reformas eléctricas como la considerada para México, iba en el sentido de que era muy importante integrar a las energías renovables en los instrumentos de una reforma ya que, de hacerse sin algún tipo de consideración particular a las energías renovables, sería muy difícil volver—cuando menos por unos años—a “abrir el expediente” de para una nueva reforma que las incluyera, en particular por las pasiones que las discusiones de la reforma traerían consigo.

Es en ese contexto, y con el visto bueno del Dr. Luis Téllez (quien inauguró el evento), que llevamos a cabo, con el apoyo del Programa Universitario de Energía de la UNAM y en el Museo Tecnológico de la CFE, la segunda reunión internacional—en el contexto del COFER—sobre el tema, esta vez bajo la lógica de “la participación de las energías renovables en mercados reestructurados”. Debo recordar que esta reunión se llevó a cabo hacia finales de 1998, cuando, ya para entonces, la propuesta de reforma estaba claramente atorada.

En los meses siguientes la atención de la CONAE se concentró en transformarse en órgano desconcentrado de la SENER. Para septiembre de 1989, después de diez años de incertidumbres y gracias al apoyo y voluntad del Dr. Luis Téllez, la CONAE dejo de ser una comisión intersecretarial con todas las incertidumbres institucionales y presupuestales que esa condición había conllevado. Precisamente, el decreto de creación de la nueva CONAE marcaba, claramente, su papel en la promoción de las energías renovables, aspecto que hasta entonces no estaba formalmente establecido en todo el Gobierno Federal.

De la misma manera—y hasta octubre de 2000—la atención de la comunidad solar y de la CONAE en el tema de energías renovables se concentró en llevar a cabo, bajo la presidencia en ANES del Dr. Roberto Best, el Foro Solar del Milenio de la International Solar Energy Society (ISES), evento que había logrado ANES gracias al compromiso que, en 1997, había establecido el Dr. Jesús Reyes Heroles y que los doctores Manuel Martínez y Claudio Estrada habían llevado a Corea del Sur a la reunión de la ISES, organización principal del evento. Fue, a final de cuentas, un evento memorable para la comunidad, con la primera visita de la comunidad solar a un Presidente de la República, una cena de gala en las escalinatas interiores del Palacio de Bellas Artes y una exposición industrial con decenas de expositores.

Al entrar una nueva administración federal en Diciembre de 2000 y una vez pasadas las incertidumbres iniciales respecto de la continuidad en la CONAE, se retoman la iniciativas para establecer políticas de aprovechamiento cabal de las energías renovables para la generación de energía eléctrica en México. Es en 2001 cuando se llevan a cabo dos actividades muy importantes en este sentido, una con la Agencia Internacional de Energía (AIE) y otra con la Comisión de Cooperación Ambiental de Norteamérica (CCA).

La más importante, no solo en ese año sino de todas las que me tocó vivir como responsable de la CONAE, fue la que organizó la CONAE conjuntamente con el Instituto de Investigaciones Eléctricas (IIE) y la AIE a mediados de 2001. Esa fue la reunión—que fue posible gracias a la iniciativa y contactos del Dr. Jorge Huacuz— que, en mi opinión, dejó claramente establecidos los principales elementos que deben tener una política de fomento de energías renovables en México: precio preferencial, contratos de largo plazo, prioridad en el despacho e incentivos basados en desempeño, no en inversiones. Igualmente, dejó claro—en oposición de las opiniones de muchos y muy respetables colegas en ANES—que lo que se necesita para México en cuanto a política pública para el fomento de las energías renovables es poner el énfasis en el desarrollo del mercado de renovables, no el de la tecnología de aprovechamiento.

Ya para entonces, por cierto, en la CONAE manejábamos el concepto de un posible mercado de “energía verde” y, gracias a una intermediación del Dr. Miguel Breceda—colaborador entonces de dicha comisión trinacional—la CONAE consiguió que la CCA pagara una encuesta de la empresa Gallup sobre la perspectiva de los cien mayores usuarios de electricidad en cuanto a su posible participación—como compradores—en un mercado de este tipo. Fue una encuesta cuyos resultados, aparecidos hacia finales del 2001, reforzaba la opinión de la CONAE de llevar adelante un mercado en donde CFE creara una categoría especial de tarifa por medio de la cual transfiriese los costos de las energías renovables a los usuarios que la tomasen, pero donde la CFE asumiese los compromisos de largo plazo con los generadores con energías renovables. De esta manera, los generadores tendrían la certidumbre que les permitiría asumir el financiamiento necesario para hacer las inversiones de las plantas.

Esta idea, sin embargo, no progresó. Por un lado, el Ing. Ernesto Martens—quien, siendo Secretario de Energía era un entusiasta de las energías renovables pero que también había tenido experiencia empresarial al más alto nivel—no consideró suficientemente convincentes los resultados de la encuesta de la CCA como para pensar que una iniciativa como la analizada fuera realista. Por otro lado, en una nueva reunión internacional—esta vez organizada a través del COFER con el Center for Clean Air Policy y el Coelegio de México—se concluyó que un mecanismo de mercado de energía verde no era lo más recomendable en un contexto institucional como el de México.

Esta propuesta siguió unos meses en el ambiente y hasta fue presentada en una reunión que el Dr. Rubén Dorantes, entonces Presidente de la ANES, promovió en el Congreso, donde sólo se quedó en eso.

Sin embargo, fue una comida mía a principios del 2002 con el recién llegado subsecretario Francisco Barnés, que la dinámica cambió y lo hizo en muchos sentidos. Allí, buscando temas, me pidió que le explicara el concepto de la “energía verde”. Yo le expliqué el concepto y él se entusiasmó. La idea tomó otro nivel y otro mensajero. El proceso de la construcción de propuestas y de política también cambió, regresando a los cerrados pasillos de la Secretaría.

Para bien o para mal, fue el momento en el que la SENER recuperó el tema que había mantenido vivo—a pesar, en muchos momentos, de lo que se opinaba en la propia SENER—la CONAE. En los meses siguientes, sin la participación de la CONAE y del COFER, la SENER se puso en contacto con el Banco Mundial e hizo su propuesta—basada, evidentemente, en lo que había hecho la CONAE en el contexto del COFER.

Vinieron entonces, motivados por razones de presupuesto pero, también, por el entusiasmo de su Director General por “causas equivocadas”, tiempos muy difíciles para la CONAE. Por allí de junio, un escueto memorándum de un funcionario de la Oficialía Mayor me comunicaba que el presupuesto para 2003 iba a ser el 40% del que se aplicaba en 2002. La decisión de cerrar CONAE, manejada secretamente en la SENER, entraba en operación. Vinieron entonces meses muy difíciles donde se vivió a diario el dilema de la lealtad al jefe versus la lealtad a un tema y a mí mismo.

A final de cuentas, después de una serie de duras escaramuzas con funcionarios de la SENER, la CONAE sobrevivió, al salir al quite Luz y Fuerza del Centro y aceptar que se tomase cerca de 40 millones de pesos de su presupuesto para que CONAE pudiera seguir operando. Esto solo sirvió para mantenerla con mínimos recursos, pero no para permitirle nuevas iniciativas. A inicios de 2003, estaba ya muy acotada y se pidió un recorte masivo de personal (de cerca del 40%). Con lealtad pero con mucho dolor, negocié que se cortaran las áreas menos fundamentales. Contra mi voluntad—y con el argumento de que “duplicaba el trabajo del IIE”—el área de energías renovables desapareció.

Fue entonces que decidí renunciar y fue, precisamente, en la semana en la que esperé mi cita con el Ing, Martens (que no sabía porqué lo buscaba) que tuvo lugar un reunión, convocada por el Dr. Barnés, para “recoger las opiniones de la comunidad” sobre un proyecto de “energía verde” “diseñado por la SENER”. En esa sala, curiosamente, la mayoría eran personas y representantes de organizaciones que, a lo largo de casi siete años, se habían ido integrando a la comunidad alrededor del COFER.

Fue muy doloroso no escuchar una sola mención ni a la CONAE ni al COFER. Hubo, debo decir, una mención a mi persona, en el sentido de que yo había dicho que lo importante era desarrollar mercados, no dispositivos—cosa que es totalmente cierta—a lo cual fue añadido un pequeño editorial: “seguramente se lo habrá copiado a alguien más”.

Después de esa reunión la comunidad nunca más fue convocada a opinar. A partir de entonces en ningún momento—y aunque es mencionado como instancia de intercambio de opiniones con interesados en el tema—el COFER nunca fue convocado para analizar nada que tuviera que ver con políticas de fomento a renovables.

Dos años más tarde y después de dos cambios de secretario, tres de subsecretario y tres de director general de la CONAE, aparece esta iniciativa, la cual tiene sus antecedentes en todo lo que refiero. Obviamente, no podemos pedirles a los actuales que sepan esta historia. Creo que a nosotros corresponde recordarla.

Con su permiso, pues.

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Transición Energética
 Actualizado el lunes, 16 de mayo de 2005