El
Nacionalismo Energético:
¿un río manchado de chapopote?
Por Odón de Buen R.
En
México y en otros países de América
Latina (particularmente en Venezuela y Bolivia) las perspectivas
nacionalistas predominan en las decisiones de política
sobre el sector energético. En Venezuela y Bolivia
por acto de sus gobiernos y, en el caso de México,
por la fortaleza de los sindicatos de industria y de políticos
que acotan las acciones del gobierno.
El
nacionalismo energético tiene razones justificadas
de existir por las historias de explotación de recursos
por empresas extranjeras sin beneficio para las poblaciones
locales. En todos los casos, lo que se argumenta clara y
sólidamente es la necesidad de que la renta de los
recursos del subsuelo sean para el beneficio de quienes
viven en su superficie, los cuales son generalmente pueblos
con muchas necesidades.
Sin
embargo, en la práctica, las rentas de la explotación
de los recursos no necesariamente sirven para resolver estas
muchas necesidades ya que, a final de cuentas, alguien tiene
que cobrar esa renta y decidir cómo se reparte y,
también a final de cuentas, llevarse su parte.
En
el caso de México, la mayor parte de la renta petrolera
sirve para alimentar de recursos—a falta de recursos
fiscales—para la operación del gobierno, que
en México no se ha caracterizado por eficiencia y
efectividad. Otra parte sirve para pagar los gastos de operación
de PEMEX, cuyos dirigentes y trabajadores tienen condiciones
laborales de privilegio, poca o nula rendición de
cuentas, y bajos índices de productividad. Igualmente,
esta renta petrolera sirve para pagar servicios de terceros,
no necesariamente los más económicos, ni los
mejores, ni a través de procesos impecables de licitación. 1,2,3
A
final de cuentas, la mayor parte de la renta petrolera se
gasta con muy baja productividad entre cientos de miles
de personas que no son, por mucho, los más necesitados.4
En
el caso de Venezuela, la renta petrolera está sirviendo—además
de pagar una gran burocracia y de servir para regalar combustibles
que se desperdician sin medida—para que una persona
lleve adelante una cruzada de juego geopolítico que
nunca imaginó. Como alguna vez me dijo un exfuncionario
venezolano: “un populista sin renta petrolera es como
un amante otoñal sin chequera”. Por lo mismo,
el manejo que se le está dando sólo alimenta
la idea de que, si el precio del petróleo baja de
nuevo, Venezuela va a sufrir mucho por ese ánimo
redentor de quien decide qué se hace con esa renta
petrolera.5
En
Bolivia, la renta energética (porque la riqueza es
de gas natural) estaba, al parecer, siendo extraída
“a la “anitgüita”, es decir, por
unas cuantas empresas extranjeras con muy bajo control estatal.
Lo que habrá que ver aquí es cómo se
van resolviendo y acomodando las cosas. Puedo suponer que
la empresa estatal que ahora toma el control de los yacimientos
y de los equipos de explotación fue, antes de la
privatización, una empresa con muy bajos niveles
de productividad y que ahora, al retomar el control, va
a tener que “reciclar” a muchos de aquellos
que salieron con la privatización. Seguramente, en
los primeros meses, el ánimo nacionalista llevará
a acciones cercanas al heroísmo pero, en un país
institucionalmente débil como Bolivia, lo más
posible es que la empresa regrese a sus viejas prácticas.
Entonces
¿para que sirve el nacionalismo energético?.
Pues, pareciera, el nacionalismo energético sirve
muy bien para justificar y mantener los privilegios de unos
cuantos, muy cerca de lo que ocurriría si las empresas
nacionales estuvieran en manos privadas. En esta lógica
se puede decir que, cuando menos, las empresas en manos
nacionales dan dinero a los nacionales. Si pero, ¿en
qué se lo gastan?. Seguramente en carros importados
de Europa, en electrónica hecha en China y en viajes
a Miami.
El
hecho es que, cuando menos para México, la riqueza
petrolera (y su renta) no parece tener una vida tan larga
como lo quisieran los que de ella viven. Curiosamente, se
distribuye y se aprovechan mejor los ahorros que generan
los pobres que se van inmigrados a Estados Unidos y que
mandan a sus parientes en México. Digamos que, más
que en el petróleo, la riqueza de México está
en la capacidad productiva de los mexicanos.
Bajo
esta perspectiva, el discurso nacionalista para el sector
energético se diluye ante las realidades de la globalización
y solo sirve para defender los privilegios de algunos.
Pero,
y entonces, ¿para que sirve el nacionalismo energético?.
Para
mí el nacionalismo tiene que ver con familia, con
cultura y con naturaleza. Por lo mismo tiene que ver con
supervivencia, con formas de convivencia y con el contexto
físico que nos marca. Defender a la Nación,
por lo tanto, es defender formas de ser y actuar en el mundo,
cuidar el medio ambiente donde se vive cotidianamente y,
a final de cuentas, asegurar la supervivencia en ese contexto.
Por lo mismo, una posición nacionalista en el tema
energético—cuando aprovechar el energético
está destruyendo nuestro contexto físico y
no nos está asegurando el futuro—es una posición
limitada ya que, aunque asegure renta, no asegura medio
ambiente ni asegura futuro.
En
pocas palabras, el nacionalismo energético de los
discursos de los políticos es un concepto manchado
de chapopote, como los ríos después de los
derrames y con efectos tan efímeros como los de los
cuetes en las fiestas de pueblo.
Por
lo mismo, el nacionalismo energético debe estar buscando
productividad, no desperdicio y contaminación. Así,
el nacionalismo energético debe tener como punto
de partida el uso eficiente de recursos cada vez más
escasos y el cuidado del medio ambiente. Eso es cuidar la
Nación, no los privilegios de unos cuantos.