Estos mecanismos no parecen, sin embargo, ser aplicables para
nuestro país no solo por el carácter estatal de
las empresas, sino también del régimen por que se
relacionan con la SHCP.
Parte del problema es que, casi sistemáticamente, no se
han querido reconocer los impactos de los programas de ahorro
de energía en su consumo en México, al grado que,
en buena medida, el no tomar en cuenta sus posibles impactos en
las prospectivas del sector eléctrico ha llevado a tener
la capacidad de sobra que ahora impacta negativamente a la CFE.
En otras palabras, por muchos años se ha puesto en duda
la efectividad los programas de ahorro de energía en México
y a su principal institución (la Comisión Nacional
para el Ahorro de Energía) al grado de buscar su cierre
en 2002, año en el que tuvo su mayor nivel de rentabilidad
social. Sin embargo, no es gratuito que en la Estrategia Nacional
de Cambio Climático, presentada por el Presidente de México,
se ponga en primer lugar a la labor de la Conae con su trabajo
en normas de eficiencia energética. Sin duda un reconocimiento
a una labor discreta pero muy efectiva de más de 12 años
de trabajo de un equipo muy profesional y comprometido.
En estas circunstancias, y ante la permanente necesidad de mejorar
la eficiencia energética de México por razones de
competitividad y ambientales, consideramos que lo que se debe
hacer es que la SHCP, apoyada por la propia CFE y por la SENER,
la CONAE y el FIDE, cuantifique los consumos evitados de los programas
que se llevan a cabo en México y los reconozca para justificar
posibles asignaciones presupuestales específicas y etiquetadas
a resultados a la CFE, a Luz y Fuerza y a la propia CONAE. Igualmente,
por supuesto, que pida programas y evaluación cuantitativa
de resultados para disponer de estos recursos (lo cual no ocurre
en la Conae desde 2004).
¿Y qué hacer con los proyectos de autoabastecimiento?
Para los proyectos de autoabastecimiento—permitidos por
la ley—la situación es más delicada porque
estos proyectos (incluyendo los que funcionan con energías
renovables) se han ido estableciendo por condiciones particulares
y favorables de las tarifas eléctricas, en particular las
horarias y las de servicios de alumbrado público municipal.
Ahora bien, cuando los proyectos de autoabastecimiento han sido
establecidos con sistemas convencionales (con plantas operadas
con diesel, por ejemplo) los impedimentos técnicos de conexión
a la red han sido pocos. Esto, pensamos, se debe a que las incertidumbres
técnicas son relativamente menores y los técnicos
de las empresas que los manejan pueden responder a cualquier cuestionamiento
técnico de las empresas eléctricas.
Esto no ha sido el caso para los proyectos de autoabastecimiento
de energías renovables (en particular los que operan con
viento), donde lo inédito de su aplicación comercial
en México y las incertidumbres técnicas asociadas
a una fuente de energía variable e intermitente han permitido
la discrecionalidad en las empresas eléctricas, las cuales
tienen, más allá de la limitada autoridad de la
SENER o de la Comisión Reguladora de Energía, la
última palabra sobre esos aspectos.
Así, en un contexto donde la empresa pierde, no está
en su interés apoyar este tipo de proyectos, llevando a
que los proyectos de generación con energías renovables
se ahoguen en procesos reconocidamente lentos.3
El asunto delicado, es que, como referimos arriba, los proyectos
se justifican por las características de las tarifas eléctricas
y éstas se han ido diseñando y modificando en respuesta
a aspectos coyunturales. Además, la decisión de
modificarlas está en manos, fundamentalmente, de la SHCP,
la cual puede (como ya lo ha hecho) cambiarlas de un día
a otro, lo cual es un ingrediente de enorme incertidumbre (y por
lo tanto, un incentivo negativo) para quienes invierten en proyectos
de autoabastecimiento.
Un problema latente se ubica en que la posibilidad de que la
CFE y la SHCP coincidan en intereses para modificar las tarifas
horarias, especialmente a la luz de presiones presupuestarias
o de grupos del sector privado afectados por estas tarifas.
Aquí lo que corresponde es que la SENER y la CRE ponderen
seriamente (y actúen en consecuencia dentro del Gobierno
Federal) las implicaciones que puede tener una modificación
de las tarifas horarias sobre los proyectos de autoabastecimiento,
en particular las que operan con energías renovables y
que se establecen con un contrato que tiene como uno de sus parámetros
lo que cuesta la electricidad en distintos momentos del día.
En fin, que algunas de las acciones más importantes que
actualmente se llevan a cabo para cumplir con las intenciones
del recién presentada (por el propio Felipe Calderón)
Estrategia de Cambio Climático de México no coinciden
con los intereses de actores importantes en la administración
pública. No resolverlas, además de volver letra
muerta las loables intenciones del Presidente de México,
nos va a llevar por un camino de falsas economías.
Así, más que pedir que “pongan en orden a
la CFE” (como apuntó una audaz reportera del periódico
Reforma), pediría a las entidades y dependencias federales
que ayuden a su jefe a hacer realidad sus muy buenas intenciones.
Nada más y nada menos.