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-OPINIÓN-

De cara a la reunión del G-8 y los temas por discutir en materia de cambio climático y energía.
Por Sergio A. Segura Calderón.

La reunión de los líderes de los países mas desarrollados del planeta que habrá de llevarse el próximo mes de julio en la isla de Hokkaido, Japón, cobra especial relevancia por la buena cantidad de temas que rondan el entorno mundial y la especial complejidad que suponen temas como la energía, el desarrollo y el combate al cambio climático.

Cobra especial relevancia también por que el G-8, desafortunadamente, se ha convertido en el marco de negociaciones más efectivo para discutir los temas que realmente importan a la humanidad, como lo es la mitigación del cambio climático y la adaptación a sus efectos.

Y decimos “desafortunadamente” por que en nuestra opinión los temas globales y prioritarios que son objeto de este tipo de negociaciones deberían avanzar con mayor fuerza en el contexto de los organismos de las Naciones Unidas y en todo caso este organismo debería servir como el centro generador de propuestas y esquemas de negociación para que todos los países miembros se alineen a su seno, en lugar de que –como ha sido la costumbre en las décadas recientes- los temas que afectan a la humanidad sean discutidos y “planchados” por un puñado de representantes de países poderosos y que los resultado de estas cumbres sirvan para marcar el paso de lo que ocurre en el resto de los foros internacionales.

No pretendemos satanizar las acciones del G-8 que, valga la pena decir, cada vez convoca a más países de los “no tan poderosos” –o al menos así se pensaba- como Brasil, México, India, China, Indonesia y Sudáfrica, ni afirmar categóricamente que los mandatarios del imperialismo dominan las decisiones mundiales. Lo que pretendemos es que el equilibrio e igualdad entre las naciones que representan el espíritu de la Carta de las Naciones Unidas y su igual participación en decisiones que afectan a este planeta sea más incluyente y no el resultado de intereses de un grupo privilegiado.

Tampoco debemos afirmar ingenuamente que el G-8 es irrelevante en el escenario mundial. Son los países con mayor cantidad de recursos económicos, los que más contaminan, los que más consumen recursos naturales, los que más influyen en la economía mundial a través de sus grandes transnacionales, los que más potencial bélico tienen, los que más contribuyen en dinero al Sistema de las Naciones Unidas, los que más…

Por ello, sus decisiones y acuerdos, nos guste o no, influyen decisivamente en el rumbo de lo que ocurre en materia de política y economía en el planeta y mas nos conviene dar seguimiento a lo que derive de las cumbres y reuniones ministeriales de este grupo, sobre todo en lo que concierne a México y sus acciones frente al cambio climático, porque el escenario mundial da signos cada vez mas evidentes de que eventualmente tendremos que, junto con otros invitados al G-8 como China, Brasil e India, asumir compromisos más contundentes para disminuir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero.

Y esto no es obra de una especulación. Fuimos invitados a formar parte del “+5” junto con China, India, Sudáfrica y Brasil, para que el G-8 tuviera una perspectiva más amplia de los temas globales aprovechando la participación de países como el nuestro en algunas de las reuniones, pero también por que el tamaño de nuestras economías y el desarrollo creciente que mostramos en la búsqueda del anhelado primer mundo bien vale la pena compartir esa pesada carga que el G-8 lleva a cuestas de resolver los asuntos que preocupan a la humanidad, en este caso el cambio climático.

De tal forma y en los últimos tres años, representantes de nuestro país han participado en un buen número de reuniones paralelas del G-8, donde el cambio climático ha ocupado los primeros lugares en los temas de discusión de agenda del grupo. Este año, que Japón actúa como “presidente” del G-8, Corea del Sur, Australia e Indonesia han sido también convocados. Estos países, junto con otros siete países africanos que discutirán los temas relacionados con ese continente, suman 23 países – la mayor cantidad en este tipo de reuniones- que asistirán a este evento.

Ahora bien, respecto de la agenda que se aborda este año en el contexto del G-8 y particularmente en el rubro del cambio climático y la energía, las conclusiones de dos reuniones ocupan nuestra atención: la reunión de ministros de medio ambiente llevada a cabo del 24 al 26 de mayo y la reunión de ministros de energía que fue realizada el 8 de junio pasados.

Las discusiones de la reunión de ministros de medio ambiente, estuvo centrada en dos temas por parte de representantes del G-8 y la Comisión Europea: la transición a sociedades bajas en carbono para el logro de metas de largo plazo y las negociaciones post-Kioto.

De manera general, la transición a sociedades bajas de carbono considera un marco de acción para cambiar las estructuras socioeconómicas, innovaciones y cambios en la forma de vida de las sociedades, así como modificaciones en los patrones de producción y consumo de la energía. Este conjunto de acciones, junto con la cooperación internacional con países en desarrollo y el intercambio y desarrollo tecnológico tienen un propósito específico; reducir, para el año 2050, las emisiones de gases de efecto invernadero a la mitad de los niveles del año base 1990.

En cuanto al régimen post-Kioto, el elemento esencial de las discusiones del G-8 y que ha sido tema de discusión en otros foros relacionados con la mitigación del cambio climático como el esquema que sustituirá al Protocolo de Kioto es la inclusión de un enfoque sectorial para la definición de las medidas y políticas nacionales de mitigación. Estos enfoques sectoriales se refieren al análisis de las emisiones y el potencial de mitigación de los principales sectores de la economía (bottom-up), con el fin de delinear las políticas de reducción de emisiones a partir de las oportunidades que sean identificadas y la posibilidad de cooperación entre países desarrollados y en desarrollo.

En materia de energía, los temas prioritarios de la agenda están centrados, dada la coyuntura actual, en los altos precios del petróleo y la seguridad energética. Se incluyeron temas que han sido abordados de manera cotidiana en el G-8 en los últimos tres años como el incremento en el uso de energías renovables, las medidas de eficiencia energética y la cooperación con países en desarrollo, especialmente aquellos que han aumentado su contribución a las emisiones de gases de efecto invernadero, como China e India.

Como elementos peculiares de las reuniones de este año, el uso de la energía nuclear y el secuestro y captura de carbono surgen como los temas más importantes en la agenda de trabajo y esperaremos importantes pronunciamientos del G-8 para generar acciones en esta dirección.

Por ello, parece que el hecho de que las circunstancias globales que rodean las discusiones del G-8 han cambiado de manera importante respecto de reuniones de años pasados, además de que las reuniones con los países en desarrollo cobran especial importancia, particularmente China, será fundamental la labor de Japón como “presidente” del G-8 en lograr que este año sirva como un buen punto de partida para generar consensos con las economías europeas y Estados Unidos sobre los temas que están puestos en la agenda, particularmente en lo que respecta a la adopción de un régimen Post-Kioto que considere compromisos más fuertes de reducción de emisiones hacia el 2050, la adopción de enfoques sectoriales y el resurgimiento de la energía nuclear como la opción de mitigación mas importante.

Estaremos atentos, pues, a los resultados de la próxima reunión de líderes del G-8 y como esto influirá en el escenario de las negociaciones internacionales sobre cambio climático y energía tanto globales como para el caso particular de nuestro país. El contexto coyuntural nos presenta una reunión del G-8 especialmente interesante.

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 Actualizado el lunes 16 de junio de 2008