El
ahorro de energía en las campañas políticas
de México.
Por Odón de Buen R.
Por
el título de este artículo quizá no
tenga que escribir nada porque, en sentido positivo, nada
se ha dicho sobre el tema del ahorro de energía en
las campañas políticas en México. Sin
embargo, el tema del ahorro de energía ha estado
implícito en sentido contrario, específicamente
por la oferta de reducir tarifas y precios de los energéticos.
Así
puesto, lo único que se puede pensar por las propuestas
de reducción de precios y tarifas es que el ahorro
de energía es un asunto que no importa. Lo desafortunado
de esto es que hoy día ya se pagan, del erario nacional,
más de 50 mil millones de pesos al año nada
más en subsidios a las tarifas eléctricas
para el sector residencial. Esto equivale a regalar el valor
de tres semanas de producción de México a
50 dólares el barril (92 millones de barriles de
petróleo). También equivale a regalar 485
pesos por habitante o 2,500 pesos por familia (a un promedio
de cuatro personas por casa) al año.
Como
dirían por allí, ya “dende nantes”
les redujeron 20% a los que ganan menos de 9,000 pesos al
mes.
Por
lo mismo, bajarle más a la electricidad en el sector
residencial es aumentar ese costo que ya pagan los contribuyentes
y es, por supuesto, una malísima señal para
los usuarios finales ya que no les va convenir invertir
en medidas de ahorro.
Como
ejemplo de cómo se hace poco atractivo para un usuario
invertir en medidas de ahorro de energía podemos
considerar al refrigerador, equipo del que se estima—muy
globalmente—que se pueden cambiar más de 10
millones en México con ahorros que van de 300 a 1,000
kWh por refrigerador por año (y, cuando menos, de
3,000 millones de kWh al año, equivalente a tres
veces lo que se ahorra con el Horario de Verano).
Suponiendo
que las necesidades promedio de los hogares mexicanos se
cubren con un refrigerador mediano de dos puertas (15 pies
cúbicos) y que cueste 4,000 pesos, si la tarifa es
de alto subsidio (alrededor de 0.5 pesos por kWh) lo máximo
que se podrá ahorrar al año en la factura
eléctrica son 500 pesos, lo que lleva a ocho años
el período simple de recuperación de la compra
de refrigerador nuevo. Ahora bien, si lo que se paga es
la tarifa que más se acerca al costo de entrega (alrededor
de 2.0 pesos por kWh) el ahorro máximo pagaría
la inversión en menos de dos años y medio.
Por
lo tanto, si las tarifas eléctricas se reducen, la
gente no va a tener incentivos para comprar equipos eficientes
y ya no le va a importar ni el tamaño del refrigerador
ni su consumo. Por lo mismo, aumentará el consumo
y, por lo tanto, la transferencia de recursos de los impuestos
para pagar las importaciones de gas natural, las plantas
compradas en el extranjero y las ineficiencias de las empresas
eléctricas. Igualmente, aumentará la contaminación
y se reducirá la vida de nuestras cada vez menores
reservas probadas de petróleo, las cuales, a los
niveles actuales de explotación, se van a agotar—de
acuerdo a los libros públicos de PEMEX—en menos
de los 12 años.
Ahora
bien, si además le reducimos al precio al gas LP,
volveremos a poner en desventaja al calentamiento solar
de agua, el cual hoy día es más barato que
el baño de agua calentada con gas. Por lo mismo,
la demanda del gas va a aumentar, se aumentará del
ingreso los gaseros (quienes van a vender más y a
quienes no les van a cargar la factura de las reducciones
de precio), contaminaremos más, importaremos más
y, a final de cuentas, vamos a pagar más como economía.
Si
a estas reducciones de precios añadimos el de la
gasolina—que es algo que consumen los que usan auto
o taxi, quienes no son los más pobres—nos vamos
a ver en una situación en la que lo que menos le
va a importar a quienes más gasolina consumen es
el de reducir su consumo. Lo peor de esta situación
es que México importa cada vez mayores volúmenes
de gasolina (más de 20% del consumo actual) y, además,
lo hace a precios internacionales, los cuales son más
altos que lo que se paga hoy día en México.
Sin
ser lo peor, todo esto estará ocurriendo mientras
en el resto del mundo se habla muy seriamente de ampliar
los esfuerzos para ahorrar energía. No es casualidad
que Kofi Annan haya tomado el tema y proponga hoy día
un esfuerzo mundial en esta dirección, que los europeos
lo pongan en primer plano en sus estrategias o que en Estados
Unidos tengan movimientos políticos apoyando un aumento
en el rendimiento de los combustibles en los automóviles.
Pues
sí, los temas del ahorro de energía, de la
eficiencia en el uso de recursos, de mayor productividad,
del cuidado de los recursos no renovables y del medio ambiente
no son importantes para los candidatos.
¿Será,
también, que a los votantes tampoco nos importa?
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