Murciélagos
y teles.
Por Banjamín de Buen K.
Una
víbora pintada en amarillo espera donde inicia la
pista. El camino serpentea junto al arroyo Darebin. La víbora
amarilla no es un graffiti, es una advertencia para peatones
y ciclistas. Las mordidas pueden ser mortales. A lo lejos
se ven los edificios de la ciudad de Melbourne. Inicia el
camino y pronto se dejarán de escuchar motores.
Abren sus alas bajo la oscuridad de la noche. Sobre calles,
coches, casas y ciclistas, los murciélagos vuelan
por debajo de los radares de la ciudad. Casi no aletean,
ni se mueven. Se deslizan con sus alas grandes, como gaviotas
nocturnas. Pareciera un extracto de la ciudad Gótica,
del Batman de Tim Burton.
En plena ciudad de Melbourne es posible encontrar espacios
naturales completamente aislados del paisaje citadino. Es
una de las ciudades más verdes del mundo, pero no
sólo por sus parques sino también por tener
reservas naturales donde se prohibió la construcción.
Es
una ciudad donde es posible recibir una mordida de serpiente,
el piquete de una medusa o el coletazo de una manta raya.
Por sus caminos para ciclistas y peatones, la ciudad se
mimetiza detrás de los árboles, del suelo
cubierto de hojas, del flujo del río.
Ni
siquiera en plena ciudad se detiene el río. Los equipos
de kayak y remo (deportes que generaron medallas olímpicas)
entrenan sobre sus aguas, a la vista de oficinistas que
ocupan sus lugares en las alturas de los rascacielos. El
Yarra también recibe al campeón del Abierto
de Australia de Ténis, Federer, Djokovic, Sharapova.
Su presencia es un símbolo de la ciudad.
Recién
se lanzó una campaña para hacer una playa
sobre el Yarra, como hacen en Paris o incluso en el D.F..
Sin embargo, la idea recibió críticas. La
playa de St. Kilda y South Melbourne están a unos
cuantos kilómetros del centro de la ciudad. Además,
no sé si nadaría en sus aguas, reclaman algunos
residentes. Se sabe que tiene un índice de contaminación,
cierto, pero se está haciendo un esfuerzo por limpiarlo.
A lo largo del tramo que atraviesa el centro financiero
de la ciudad, han colocado varias estaciones recolectoras
de basura. Y la buena noticia para los ríos es que
esta semana entró en vigor el impuesto sobre las
bolsas de plástico.
Incluso
en las calles de la ciudad, pequeños vehículos
trabajan diligentemente para mantener la ciudad limpia (Spotless),
sin una mancha. En las calles no hay basura. Hay basureros.
Los
desperdicios que sí se encuentran en esta distinguida
ciudad son algo que no me acabo de explicar. Tal vez sean
un presagio. O una señal de nuestros tiempos. En
mi último trayecto nocturno por la ciudad en bicicleta,
sobre las calles que vigilan los murciélagos, los
mismos que recuerdan que las casas, y no los árboles,
son los inquilinos de esta ciudad, sobre esas calles llego
a ver cuatro o cinco televisores. Discos compactos. Impresoras.
Tapones de llanta. Colchones. Sillones ¿Será
que el concepto de basura ha cambiado? ¿Los excesos
del lujo?
Un día
pedaleaba por uno de esos caminos que serpentean junto a
un arroyo. En pleno verano, con el sol a tope. No hay serpientes
a la vista, aunque sabemos que están por aquí.
Hay árboles a mis costados y no hay señal
de edificios ni autos. Estoy en pleno Melbourne. No hay
teles en el camino. Miro con más detalle entre los
arbustos y la vegetación que brota del agua. Hay
personas entre la maleza que caminan con bolsas, guantes.
Qué
bien. Alguien está limpiando. He tenido la ilusión
de hacer algo similar en México. He recorrido el
país en auto. Si los mares se elevan en Acapulco,
la basura aumentará con ellos. Mirábamos un
barranco al norte de la ciudad guerrerense. Donde nadie
puede nadar, ni siquiera los clavadistas de la Quebrada,
flotan miles de intrusos. Botellas, envolturas y plástico.
En San Luis Potosí, al pie de la Sierra del Catorce,
la gobernadora cubre el suelo desértico. La basura
gobierna. En Baja California, lejos de cualquier construcción
del hombre, sobre la terracería que lleva desde el
pueblo de Rosario hasta Punta Baja, los cerros están
cubiertos de basura.
Entre
San Felipe y Ensenada, una pareja nos ofreció un
aventón. Mantenían su auto limpio. La basura
para afuera. Las carreteras del país insinúan
una catástrofe.
Pedaleo
un poco más por el camino de Merri Creek. Veo más
personas con bolsas y guantes. Las bolsas llevan patrocinios,
del negocio de comida rápida más grande del
mundo (menos mal, la mitad de la basura tiene su nombre),
de la aerolínea más grande de Australia, de
ONGs. Avanzo un poco más y una mujer joven aguarda
bajo la sombra en una banca con un montón de bolsas
y guantes naranjas. He tenido la ilusión de hacer
algo similar en México. Ahora me tengo que detener
a contribuir. Tomo mi bolsa y mis guantes. Firmo mi seguro
de vida (será por las serpientes) me subo a mi bicicleta
y busco un sitio desocupado junto al arroyo. En menos de
media hora tengo un costal lleno. Los logotipos de la basura
que recojo son los mismos que muchos de los patrocinadores.
Me
enteré más tarde que estaba participando en
una iniciativa que ocurre en todo el país ese día.
Clean up Australia Day.
Y yo
pensaba que sólo desperdiciaban sus televisiones.
Sitios
de interés
Recolección de basura en el Yarra
www.vicwater.org.au/index.php?sectionid=277
Clean
up Australia Day
www.cleanup.org.au/