De
un brinco al sartén.
Por Banjamín de Buen K.
Un
turista que llegue a Melbourne, Australia verá su
primer canguro entre los filetes de res y las pechugas de
pollo de la carnicería. La carne de canguro forma
parte de la dieta local y es un platillo muy popular. Aparte
de su sabor exquisito, la carne de canguro supera con creces
a otros tipos de ganado, por su valor nutritivo y también
sus beneficios ecológicos.
La carne de canguro es nutritiva por ser baja en grasas
saturadas y contener altos niveles de hierro. Según
el sitio de la comercializadora www.macromeats.com,
una porción de canguro contiene el equivalente a
46 % del hierro requerido diariamente y tiene menos de 2
% de grasa. Además, es una fuente de ácido
linoleico conjugado, que ayuda a controlar la obesidad y
las enfermedades cardiácas.
Cada año, el gobierno de Australia realiza un conteo
de los canguros y autoriza la caza de un número determinado
de ellos (entre 10 y 15 %). Esta medida sirve para controlar
la población de canguros y evitar daños a
la economía y desequilibrio ecológico. Los
canguros no se crían como otros tipos de ganado,
simplemente se extraen de su ambiente natural y los cadáveres
se someten a estrictos controles sanitarios antes de ser
puestos en venta.
Mientras que el la ganadería bovina, ovina, caprina
y porcina, provoca daños al suelo por ser animales
con pesuñas, el canguro tiene patas suaves que no
dejan un impacto sobre la superficie terrestre. Los canguros
requieren de menores cantidades de alimento y son más
adaptables a las condiciones de sequía que afectan
a la región.
Según el sitio de Macromeats un cuarto de las emisiones
de gas invernadero provienen de la ganadería. Los
canguros no emiten gases de efecto invernadero a pesar de
que se alimentan del mismo tipo de pasto que otros tipos
de ganado.
Si desea saber más acerca de esta industria, puede
consultar el sitio de Macromeats en www.macromeats.com
o el sitio de Asociación de Industrias Australianas
del Canguro en www.kangaroo-industry.asn.au/.
Los canguros forman parte de la identidad australiana por
su belleza, sus brincos y su singular fisonomía.
Pero gracias a su valor nutritivo y sus beneficios ecológicos,
también forman parte de la dieta.