Haga click aquí para suscribirse al Reporte de la Transición Energética

-OPINIÓN-

A propósito de que vino Gore y de que viene Bali.
Por Sergio A. Segura Calderón.

 
La dimensión social

El cambio climático o calentamiento global se ha convertido en una moda que aparece en todos los medios masivos de comunicación y ocupa cada vez más espacios físicos y electrónicos del mundo de la información.

A propósito de este boom en los medios del tema, hace unas semanas estuvo en México el “apóstol del cambio climático”, Al Gore, para transmitir el mensaje de su cruzada para dar a conocer a la población del planeta los efectos negativos y la urgencia de actuar frente al cambio climático global.

Pero… ¿Qué es esto del cambio climático? Resultaría una pregunta obligada que debería ser medianamente sencillo responder para cualquier persona que ve la “tele” con cierta frecuencia y lee ocasionalmente el periódico. Dados los resultados de lo que observo todos los días en la calle, mi optimismo sobre esa sencilla respuesta está seriamente sobreestimado.

Mas allá de la respuesta a lo que entendemos como “cambio climático”, lo que debe preocuparnos es formular la pregunta ¿…y yo qué puedo hacer para detener el cambio climático? Evidentemente, si no entendemos como sociedad siquiera que es esto del “calentamiento global” o “la ecología”, mucho menos vamos a tener la posibilidad de entender cuales son las prácticas que en nuestra vida cotidiana contribuyen a la emisión de gases de efecto invernadero.

A propósito de nuestra incapacidad social y cultural para “entrarle” al fondo del problema, me viene a la memoria un libro que recién publicó el postgrado en psicología ambiental de la Facultad de Psicología de la UNAM, al mando del Mtro. Javier Urbina, con el apoyo del Instituto Nacional de Ecología y en particular la Bióloga Julia Martínez y donde participaron un grupo de expertos técnicos, sociales y ambientales para analizar las dimensiones psicosociales del cambio ambiental global y las medidas que como población podemos emprender para disminuirlo.

La etapa de estudio previo a la publicación del libro resultó especialmente interesante para mi perspectiva internacionalista seudo-social antropológica, puesto que el trabajo realizado en esta etapa comprendió, entre otras cosas, un conjunto de encuestas a sectores sociales diversos, para evaluar su percepción y conocimiento sobre el calentamiento global, sus consecuencias y las medidas para mitigarlo.

Entre distintos sectores de la población –gobierno, población en general, sector académico- casi no se perciben diferencias respecto del conocimiento del fenómeno y sobre las medidas que podría emprender la población para reducir sus efectos. El grado de ignorancia sobre el fenómeno, sus efectos y las medidas para mitigarlo o adaptarse a él es similar entre los distintos grupos. Más trágico aun resulta que el conocimiento sobre el fenómeno es igualmente limitado incluso entre los funcionarios gubernamentales, incluso aquellos que supuestamente están encargados de las áreas de protección al ambiente en estados y municipios.

Los seres humanos actuamos de manera racional y en sociedad. Eso nos distingue del resto de los seres vivos que habitan este planeta y como tales tenemos el dominio de nuestro propio albedrío y decisiones, además de que poseemos la capacidad extraordinaria – o desafortunada - de modificar el entorno que nos rodea para nuestro beneficio y bienestar individual y colectivo.

Bajo esta noción de sociología para principiantes sería relativamente simple encontrar la fórmula para resolver el verdadero reto generacional que nos presenta el cambio climático, argumento que se reforzaría en tanto que conocemos la causa del problema (nosotros mismos) y disponemos de la capacidad económica y tecnológica para resolverlo.

La realidad es franca y terriblemente diferente. Los seres humanos, en lo que respecta a cualquier tema ambiental o relacionado con la protección del entorno del que formamos parte, actuamos de una manera irracional basada, posiblemente, en nuestra falsa concepción –religiosa, cultural o ética- de que somos quienes dominamos este planeta y que como los únicos dotados de esta racionalidad podemos hacer con el planeta lo que bien nos plazca. Definitivamente, no entendemos que como seres humanos formamos parte de un complejo y delicado equilibrio en un ecosistema y que, por tanto, las acciones que emprendamos afectan de manera sensible su funcionamiento.

Seguimos aferrados a nuestra noción de que la sociedad funciona como un colectivo –solo cuando nos conviene quejarnos de algo- pero marcado por un profundo individualismo y trasladamos la solución de este reto ambiental que no entendemos; a las futuras generaciones. El argumento que escuchó para darle la vuelta al problema, incluso entre miembros de mi generación es “… a mi ya no me va a tocar, que se encarguen los que vienen”.

Al Gore cierra su cada vez mas publicitado discurso sobre el calentamiento global en “Una verdad incómoda” diciendo que “afortunadamente la voluntad política de quienes gobiernan es un recurso renovable”. No obstante, lo que no es tan afortunado es que la consciencia colectiva e individual, inercia o cultura del grueso de la población no es algo que podamos modificar de un día para otro, de un año al siguiente o incluso a través del paso de un par de generaciones.

Caminando por la calle o en espera del metrobús me doy cuenta de que el cambio climático parecería una moda que apareció de repente y que sirve para elevar los niveles de rating de los medios de comunicación. No modificamos nuestros patrones en el uso de la energía y elegimos ignorar las recomendaciones que -muchas veces ni conocemos- nos permitirán reducir nuestra "huella de carbono" o contribución individual a la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera. No reducimos, no apagamos, no caminamos, no reciclamos. Un mensaje complejo que ha resultado bandera para muchos que antes ni siquiera sabían que era el dióxido de carbono y ahora se vanaglorian de su extenso conocimiento sobre esto de la “ecología”. El problema es que este tipo de mensajes se confunden con las verdaderas campañas que emprenden quienes si saben y de algún modo tratan de reproducir un mensaje basado en propuestas específicas y un conocimiento real de lo que está significando el cambio climático en diferentes segmentos de las actividades del ser humano.

La pregunta ahora es que podemos hacer realmente para que el mensaje sobre los efectos del cambio climático y las alternativas para su solución se pueda transformar en acciones y no se disperse como una cruzada romántica de algunos pocos. Más aun, que el mensaje sea asimilado en un tiempo definitivamente corto. Afortunadamente, el calentamiento global del planeta es una realidad y un reto hoy. Tendremos que actuar no por convencimiento sino por obligación y urgencia y tendremos que adquirir conciencia sobre nuestro papel y lo que hemos hecho a este planeta en los últimos 200 años. Disponemos de la capacidad tecnológica y económica para hacerlo. Solo nos falta la verdadera voluntad de hacerlo. Esa va a llegar transformada en la nueva concepción de supervivencia de la especie humana: Si no actúo, entonces si me va a tocar.

La CoP de la buena suerte.

Los gobiernos tienen su papel también en este reto. En breve se acerca la “CoP de la buena suerte”. La decimotercera conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y tercera del Protocolo de Kioto se realizará en Bali, Indonesia en los próximos meses y trae consigo una buena parte de definiciones sobre lo que ocurrirá con los compromisos de los países para hacer frente al cambio climático.

Esta CoP puede resultar especialmente importante puesto que puede marcar el inicio de dos eventos importantes: los compromisos de reducción de emisiones por parte de Estados Unidos y los mecanismos que resulten después de la conclusión de los compromisos establecidos por el Protocolo de Kioto.

Lo primero podría resultar el garbanzo de a libra que daría luz a la solución del calentamiento global y lo segundo el vaso conductor para crear mecanismos mas efectivos de reducción de emisiones de los países.

Del mismo modo que está ocurriendo en Irak, la administración del señor Bush está cada vez más aislada en su posición de no enfrentar un problema que ya se le está quemando en las manos. Tanto al interior de los Estados Unidos como en los distintos foros internacionales, la presión sobre Bush bien puede determinar que en los próximos meses o antes de que termine el 2008, Estados Unidos tenga que entrar al club de la reducción de emisiones. Basta decir que los discursos sobre el tema –por más confusos que sean- del señor Bush dan indicios de este cambio de posición.

No obstante, las cuestiones geoestratégicas y políticas no dejan de estar a un lado y bien puede convertirse en un argumento para renovar el “entelerañado” liderazgo gringo en terrenos de negociación económica y política. Lo cierto es que los caminos se están cerrando y Estados Unidos tendrá que reaccionar y reconocer su importancia como emisor de gases de efecto invernadero. En todo caso, si esto no sucede en los próximos años, al señor Bush no le queda mucho tiempo para ocupar la Casa Blanca y existe una buena probabilidad de quien le suceda no comparta sus mismas ideas y finalmente reoriente la política internacional de ese país para enfrentar, junto con el resto del planeta, el reto más grande de nuestra generación.

Si quieres opinar sobre este documento, mándale un correo al editor: demofilo@prodigy.net.mx

Transición Energética
 Actualizado el martes 28 de agosto de 2007